Gauchos del mar 

Todo empezó como un proyecto de surf de dos hermanos veinteañeros. En el año 2010 los argentinos Julián y Joaquín Azulay partieron de California en camioneta hacia Argentina con el propósito de surfear e ir acampando por la costa del Pacífico. La aventura duró 403 días: atravesaron 13 países y recorrieron más de 30.000 kilómetros, lo que les dejó más ganas de seguir viajando y registrando vivencias. Con la excusa de buscar olas se embarcaron en esta odisea que, más allá de la inolvidable experiencia del surf, les mostró que tenían una parte dormida relacionada a temas sociales, culturales y ambientales.

Con su primera película, Gauchos del mar, entendieron que podían hacer de eso un estilo de vida: surfear en distintas partes del mundo, interactuar con diferentes culturas, aprender de ellas y aprovechar el género del documental para compartir una forma de vida simple, sana y cercana a la naturaleza. Así se filmaron otras dospelículas. En Tierra de Patagones viajaron en auto por la Patagonia argentina y chilena y vivieron en carpa durante seis meses. Compartieron sus vivencias con los pobladores nativos, conocieron sus oficios, mostraron los animales de la región y lucharon contra las más duras condiciones climáticas hasta llegar a Ushuaia. En ese punto subieron a un velero para navegar por el Canal Beagle y cruzar el Estrecho de Le Maire, uno de los mares más peligrosos y con más naufragios del mundo, y así llegar a la Isla de los estados.

En el documental Península Mitre, por otra parte, los hermanos Azulay realizaron una expedición inédita a pie con 35 kg en sus mochilas y las tablas a cuestas. Caminaron durante 53 días por la punta más al este de Tierra del Fuego, un área virgen donde no vive nadie. El objetivo era surfear una ola de clase mundial en el Faro del Cabo San Diego, el punto más oriental. Gracias a la película se está por decretar esa zona como área protegida.

El nombre “gauchos del mar” se los dio un estadounidense que conocieron en el desierto de Baja California y con cada nueva expedición esta forma de identificarse se fue afianzando. Hace un par de años la inquieta dupla se propuso conocer África, el continente menos explorado. En términos de surf, el último eslabón perdido a ser descubierto. Para ello compraron un camión Mercedes-Benz Unimog en el norte de España y arrancaron la travesía desde Europa hacia el sur, por la costa Atlántica, con la meta de llegar a Ciudad del Cabo.

No sabían qué esperar de África. Animales y pobreza, tal era la idea que tenían por lo que les llegaba de las noticias, libros y revistas. Sin embargo, se sorprendieron, según cuenta Joaquín vía WhatsApp desde Buenos Aires. “No es la realidad que encontramos allá –comenta en relación a las expectativas que tenían–, sino que vimos gente increíble. Un montón de distintas culturas, costumbres, dialectos, formas de vida, de trabajo, economías, aldeas, órdenes tribales. La verdad, fue una experiencia muy enriquecedora y de mucho aprendizaje. En relación a otros viajes, el continente africano es muy distinto: la cultura, los idiomas. Todos los días son intensos en África. Hace falta mucha tolerancia y paciencia, tener muchas ganas de estar ahí. Hay muchas enfermedades, la policía es difícil, las rutas están en mal estado en muchos lugares y alguien que no tiene ganas de estar sobrepasando obstáculos constantemente no va a aguantar, se va a ir rápido”.

Algo importante a tener en cuenta al viajar por un continente tan inestable como África, señala Joaquín, es tener claro los tiempos de las visas, dónde sacarlas, cuándo irse de cada país, no quedarse más días de lo permitido porque eso puede causar problemas. “África es bastante inestable. En muchos de sus países en cualquier momento puede haber una guerra civil. Pero más allá de eso que es el principal peligro, hay muchas enfermedades, como el virus del ébola. Cuando estuvimos se desataron distintos brotes. Si te agarrás ébola te morís, muy poca gente se salva. Después está la malaria, la mosca tse-tsé, la meningitis, hay dengue también. Conviven con un montón de enfermedades.

Más allá de todos esos problemas, la gente es muy feliz. En las aldeas no están contaminados con los deseos innecesarios que tenemos hoy en las ciudades. En África ves cómo la gente en el día a día está tratando de ser feliz, no se está preocupando por el mañana, está viendo qué come hoy, qué hace hoy. Si sale a cazar o a buscar frutas. Se vive mucho el presente”.

A África fueron buscando olas y en ese sentido no hubo grandes peligros, salvo en el sur, que hay tiburones blancos. En general se encontraron con olas de distintos tamaños y nadie en el agua. “Encontramos comunidades de surf en Marruecos, Senegal, Sierra Leona, Liberia y Ghana. Y, ya luego, en África del Sur. Pero en el resto de los países para muchos éramos bastante raros porque no están acostumbrados a que lleguen personas con tablas de surf. En muchos casos no habían visto hombres blancos. Te tocan el pelo, se quedan impresionados. Tocan la tabla porque no han visto antes y no saben para qué sirve. La gente de la aldea venía a vernos y festejaba, no podía creer que nos parábamos arriba de una ola. Sorprendente para ellos y para nosotros su reacción. Fue muy linda esa experiencia”.

¿No se cansan de viajar tanto? No, es lo que les gusta. Les apasiona esa experiencia de búsqueda de olas, de nuevas amistades, de asombrarse con las nuevas costumbres que van conociendo. “Claro que hay un desgaste físico y mental que se va sintiendo a la larga porque estás totalmente fuera de tu zona de confort y el cuerpo lo siente”, confiesa Joaquín. “En esta etapa llegamos un poco cansados, pero pudimos cumplir con el objetivo de llegar hasta Ciudad del Cabo, dejar el camión y ahora sí, descansar un poco para luego volver a hacer la costa del Índico”.

El proyecto África cuenta con el apoyo de varios sponsors y también con el apoyo de un canal de televisión de Brasil con el cual hicieron una coproducción para hacer una serie con dos temporadas por el Atlántico, cada temporada 13 capítulos de 26 minutos. La primera se estrenó en 2018, la segunda temporada se estrenará en abril de 2019. A la vez, están haciendo dos películas pues cuentan con mucho material. En 2019 estarán lanzando la película Malvinas y para un poco más adelante, se estrenará la primera parte de África, ese es el plan. Algunas de sus películas se pueden ver en su página web vía streaming: www.gauchosdelmar.com


Los hermanos Azulay viajaron por África en un Mercedes-Benz Unimog de 1985, modelo 1300 L. Se trata de una exambulancia militar que había pertenecido al Ejército. Fue restaurada para poder ser usada como medio de transporte y casa, para poder dormir y cocinar adentro. El camión no tiene baño, sí una ducha externa. Dispone de tanque de agua en el techo, otro tanque adentro, agua para lavar y para beber. Debajo de las camas organizaron compartimentos para almacenar comida, ropa, equipos. El techo se aprovecha con un rack para guardar de todo, en especial muchas tablas. El vehículo tiene una claraboya en la cabina delantera que era usada en la guerra para que los soldados pudieran asomarse y disparar desde allí con ametralladora.



Las visas son muy difíciles en África. En un momento los rebotaron en cinco embajadas para conseguir la visa de Nigeria que es la más complicada de obtener. Una vez que la obtuvieron, les dieron una visa de tránsito. “Nos dejaron cruzar el país, que es un país enorme, muy complicado, con muchos policías, muchos retenes. Nos dieron el tránsito por una semana”, cuenta Joaquín. “Cuando llegamos a la frontera con Camerún, después de tres días de manejar con mucho estrés, nos encontramos con que había guerra civil en ese país, con lo cual no podíamos salir. Estuvimos 43 días encerrados en Nigeria, negociando la salida en un puerto, con piratas básicamente, gente muy complicada. Hasta que logramos poner el camión en un barco que casi se hunde. Estaban los piratas del Golfo de Guinea (raptan más de 300 personas por año), pero por suerte no pasó nada. Luego de un estrés enorme llegamos finalmente a la zona francesa de Camerún donde no había conflicto. Salió todo bien, pero fue muy intenso. Mucho estrés”.


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