Se encendió el Soleil en Punta Carretas

Dos días antes del estreno de Amaluna la actividad en las instalaciones del Cirque du Soleil ubicadas en la curva de la Rambla y Bvar. Artigas era intensa y calma, como suelen ser las rutinas de los profesionales. Brillantes e iluminadas por el sol, las carpas contrastaban con las figuras negras de los encargados de la seguridad. Dentro, cada sector mostraba un ritmo diferente. Algunas personas poniendo ropa a lavar en varios lavarropas; un grupo de gimnastas practicando en barras asimétricas; una mujer entre vapores planchando parte del vestuario; un chef holandés supervisando los coloridos y variados platos para alimentar a 120 personas; algunos chicos revisando el celular en clara actitud distendida. Varios jóvenes probaban figuras aéreas en una composición de saltos y trampolín. Los que observábamos la escena debíamos esperar a que terminaran con sus piruetas, pues pasar por allí podía desconcentrarlos y ponerlos en peligro.

La encargada de prensa, Momi, es japonesa y muy estricta con las normas que hay que cumplir en este universo. Está con Amaluna desde hace años y su trabajo se ha centrado más que nada en Latinoamérica. Cuenta que en la carpa debe haber siempre la misma temperatura, ya estén en Montevideo o en Moscú, por lo cual suelen viajar con sus equipos electrógenos para asegurar un ambiente homogéneo. De los 19 shows que tiene el Cirque du Soleil, 10 se encuentran en Las Vegas y cinco viajan por el mundo. Cada show es un tema diferente y en este caso la oda hacia lo femenino es lo que más se destaca. El show que se presentó anteriormente en Montevideo, Kooza, tenía una impronta más corporal, dice, con gran despliegue de acrobacias y más centrado en el virtuosismo de los artistas. En este caso, Amaluna —dirigido por la premiada británica Diane Paulus— cuenta una historia más clara, inspirada en La tempestad, de Shakespeare. En el show se muestran muchos tipos de sensibilidades femeninas y muchos tipos de amor, no sólo de pareja. Es un espectáculo que se creó en el 2012 y que se sigue perfeccionando.

Amaluna ha venido viajando por distintos países y a todos llevan sus 84 containers con todo lo que necesitan para vivir y crear. Mientras las cosas viajan de un destino a otro, la compañía aprovecha a mandar a los artistas a sus países de origen de vacaciones.

Pero sumarse a la vida del Soleil implica pasar a vivir casi siempre allí y relacionarse con la gente que va de gira.

Melissa Fernández proviene de Kansas y hace más de veinte años que se dedica a las barras asimétricas. Hace 17 meses se convirtió en mamá y ahora está tranquila porque acaba de llegar el papá de su hija, que es baterista, y que por un tiempo se ocupará de cuidarla.

El cuerpo de Melissa delata una vida de intenso trabajo físico. Empezó como gimnasta a los seis años. Entrenaba todos los días en un lugar fuera del colegio, competía, aunque no en las olimpíadas ni a nivel nacional. Gracias a esta actividad fue becada a la universidad donde estudió kinesiología. Luego entró al Cirque du Soleil, tuvo un contrato de seis meses y cuando terminó le ofrecieron una posición en Amaluna. Hace cinco años que tiene su papel en barras asimétricas. Los entrenamientos son menos frecuentes que las sesiones de rehabilitación porque al tener función entre ocho y diez veces por semana lo que más necesita es recuperarse. De todos modos, entrena dos veces por semana en las barras y luego todos los días hace terapia física donde le presta atención a sus tobillos, a sus hombros y a su espalda. Realiza muchos estiramientos y un masaje semanal. A pesar de la fricción y la fuerza que canalizan sus manos en las barras, tiene la piel de las palmas sanas, casi sin callos. Usa magnesio y grips para protegerse y tiene una experiencia de más de dos décadas en el tema. Ya se conoce. Pero lo físico no lo es todo. En el show de Amaluna, los sentidos que se manejan en la obra permean también su vida cotidiana.

De este show Melissa destaca su base femenina: “es único y muestra un costado fuerte de las mujeres. Tiene una forma muy linda de mostrar el poder que tenemos y se ve con diferentes actos acrobáticos que hacemos. A mí me reveló la fortaleza mental que tengo, algo así como ser la mujer maravilla. Eso me produjo el show, sobre todo a través del personaje Amazona, me da fuerza para mi propia vida. Por otra parte, amo estar de gira, estar en contacto con la gente del Cirque, es como una familia, nos ayudamos, nos sostenemos, y es muy gratificante”. Hay días que está muy cansada, porque al ser su bebé muy pequeña, no duerme demasiado. Cuando eso sucede siente que su cuerpo no se recupera.

Pero el esfuerzo bien vale la pena cuando sube al escenario. Delante del público Melissa se siente orgullosa y muy agradecida. “Me da mucha alegría ver cómo la gente disfruta, lo veo en sus ojos”.

Se la ve radiante, sin rastros de cansancio. Habla rápido y se despide hecha un ímpetu, desesperada por ir a amamantar a su bebé.

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