Desde hace varios años Aníbal Cadamuro reside la mitad del año en Palma de Mallorca. En el balneario español se dedica a pintar la figura humana rodeada de agua. El líquido transparente de las piscinas, en su mayor parte, es recreado a partir de las imágenes que toma de personas bañándose en la pileta de su propia casa.

La figura humana y el agua lo han acompañado desde muy joven, cuando dio sus primeros pasos en el mundo de la plástica en el taller El Molino, ubicado en el altillo de la antigua construcción a dos aguas de la Conaprole sobre la calle Couture, en Carrasco. En esos años iniciáticos, guiado por la profesora Miriam Núñez, pintaba seres marinos: ballenas, delfines. Luego vinieron las olas en paralelo con su pasión por el surf. Y con esos temas siguió investigando, observando el efecto de las formas corporales debajo del agua, la figura casi abstracta que emerge de la inmersión en ese medio. Un juego que pendula de lo hiperrealista a las formas más libres e indefinidas. Su búsqueda se ha centrado en lograr captar la esencia de los cuerpos en movimiento, llegar a esa impronta en dos dimensiones que refleje esa vibración sin que quede duro ni irreal.

Se ha manejado mucho con óleo, técnica que lleva tiempo y demora en secar. Más recientemente se ha volcado al acrílico que se diluye en agua, precisamente su objeto de estudio, y se ha atrevido con lienzos más grandes en los que puede utilizar la espátula y colores más vibrantes y eléctricos. El acríllico le permite trabajar más en el momento por la rapidez del secado. También es consciente de que la paleta de este material es más fuerte y que no tiene la profundidad del óleo. Pero todo sirve para experimentar e ir ponderando los distintos efectos que logra el material.

 

En sus incursiones más recientes ha probado con fondos de agua de colores: personas nadando en naranja, en rojo o amarillo, en un viaje que no sabe a dónde lo llevará. Trata de no aburrirse, siempre con la ilusión de hacer algo nuevo por más que el tema sea el mismo. Más allá de su propia motivación, muestra en sus trazos el dominio de la técnica y del color pues logra un efecto de gran armonía, fresco y luminoso.

La figura humana siempre, pero encontrando nuevos gestos al evocarla, jugando con algo más audaz, pinceladas más sueltas, menos hiperrealistas, más desordenadas. Aníbal Cadamuro ha expuesto en Palma de Mallorca en distintas galerías, ganó un premio en una sala de exposiciones muy importante de allí, donde expuso varios meses. Sus referentes artísticos son David Hockney, Jean-Michel Basquiat y el español Joaquín Sorolla.

En los últimos años ha aprendido muchísimo del contacto con artistas mallorquinos de quienes ha recibido consejos y conocido nuevas técnicas cuando visita sus talleres. Integra un movimiento de pintores bastante importante, la mayoría locales. Con muchos de ellos forma parte de Llevant en marxa!, un colectivo que surgió en Levante, que es un área de la costa catalana. En marxa, en catalán, significa en marcha, alude a “en movimiento” para organizar subastas y exposiciones colectivas en la ciudad y donar lo recaudado para hospitales en Etiopía y en Perú.

En Mallorca su obra está en distintas galerías; la dinámica de trabajo es bastante intensa, hay demanda por cuadros, es un mercado activo. Más allá de la llegada masiva de turistas en verano –11 millones de personas– viven en allí muchos jubilados alemanes e ingleses, personas que valoran el arte y suelen comprar.

En Uruguay el trabajo de Cadamuro está presente en la galería Los caracoles de José Ignacio y en Acatras del mercado en Ciudad Vieja.

 

Malena Rodríguez Guglielmone.

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