Desafío MB:

Fue un mes de enero de 1938 en Alemania cuando el piloto Rudolf Caracciola consiguió, con un Mercedes W 125 de doce cilindros, una velocidad máxima que aún hoy continúa siendo sorprendente: 432,7 km por hora. Sin duda, una velocidad récord que ha continuado vigente durante casi 80 años.

El lugar elegido para esta hazaña fue una Autobahn –autopista– alemana, en concreto un tramo de un kilómetro entre Frankfurt am Main y Darmstadt. El accidente fatal de su competidor de Auto Union, Bernd Rosemeyer, el mismo día, provocó una sombra sobre su éxito.

El vehículo que condujo el joven piloto procedente de la nobleza italiana era un Mercedes-Benz creado expresamente para batir esta marca. Tenía una potencia de 765 caballos, si bien era capaz de proporcionar picos de 30 más gracias a unos carburadores adicionales. El diseño se creó desde cero, con un aspecto muy futurista y que, a juzgar por el resultado de la prueba, resultó muy eficaz también. Debajo de esta carrocería el Mercedes W 125 escondía un bloque de 12 cilindros con algunas características muy ingeniosas, y aún hoy sorprendentes, como un sistema de refrigeración por hielo que consistía en un compartimento con 5 kilos de hielo y 48 litros de agua.

Desde aquel entonces hasta ahora la fascinación por la alta velocidad no ha menguado. Y ese récord logrado por Caracciola se mantuvo intocado hasta que fue quebrado, en noviembre de, 2017, por otro corredor que logró una velocidad de 445,54 km por hora. Igualmente permanece el entusiasmo por el atractivo estético y el espíritu pionero de la marca.

De todos modos, el nuevo récord alcanzado el pasado año planteó el desafío de lograr un auto más veloz. Un proyecto de cooperación muy estimulante entre el departamento de diseño de Mercedes-Benz y la Universidad de Ciencias Aplicadas de Munich está trabajando en el diseño de un modelo que reinterprete este auto que rompió récords usando sistemas de manejo eléctricos innovadores y de punta. Se están evaluando conceptos de diseño extraordinarios para fabricar autos que superarán los 800 km por hora.

 

Si uno va hacia atrás en la historia entiende que hay que estar a la altura de los creadores de antaño. Rudolf Caracciola se encontró al volante de un vehículo totalmente nuevo que los ingenieros de Mercedes-Benz habían diseñado con el único objetivo de romper un récord. Este auto estaba basado en el chasis del primer auto de carreras Silver Arrow W 25. Sin embargo, la línea era más esbelta que antes y las llantas estaban más integradas al cuerpo del vehículo.

La idea original, entonces, había sido del joven diseñador Josef Müller, después de una visita en enero de 1935 al túnel de viento de los fabricantes de Zeppelin. Müller escribió en un memorando una clara y profética conclusión: en el futuro, será indispensable que las llantas de los vehículos creados para desarrollar altas velocidades estén integradas al cuerpo del chasis. Caracciola podía elegir entre dos tipos de parabrisas. Terminó eligiendo el plano en lugar del curvo para tener mejor visibilidad.

Otra innovación que presentó fue el motor súper cargado de 12 cilindros, con un desplazamiento de 5,58 litros y una entrega total de 616 hp. Esta nueva fuente de poder ofrecía la posibilidad de un desempeño jamás logrado con anterioridad a pesar de las constantes mejoras al motor de 8 cilindros en línea del Grand Prix Silver Arrow, modificaciones impuestas por la Fórmula de 750 kilos. A su vez, la marca recibió un gran impulso de la industria aeronáutica para este vehículo: fueron técnicos fabricantes de aviones los que sugirieron que se acortara el frente y se le diera una forma más redondeada. El auto original de Mercedes-Benz que hizo historia ocupa un lugar de privilegio en el museo de la firma.

 

 

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