Clara Aguayo 

Con 26 años Clara Aguayo viene experimentando una vertiginosa carrera en el mundo del diseño. Su nombre empezó a sonar a los 23 al ganar el concurso Lúmina. Luego creó junto a su socia Renata Casanova la marca Null, un proyecto sustentable inspirado en la filosofía de cero desperdicio y producción responsable. Recientemente quedó seleccionada entre los 16 diseñadores del mundo para exponer en el Somerset House de Londres durante el London Fashion Week en febrero de 2019.

Clara abre la puerta de la casa donde vive con sus padres en una calle tranquila de Pocitos. Lleva puesto un pantalón negro, polera a tono y borceguíes gruesos con pespuntes. Nos conduce hacia el fondo, donde se encuentra su taller, rodeado de un entorno verde. Una gran mesa gobierna la estancia. Sobre la misma, un cuaderno-libro de dimensiones considerables alberga collages, distintas telas en composición, bocetos a lápiz. Hay una biblioteca con libros de arte y un póster grande con el retrato de Alexander Mc Queen con una calavera en sus manos.

El ícono británico fue su primer referente; estudiaba en el Centro de Diseño Industrial cuando el diseñador se suicidó. Cuando terminó la carrera de Textil opción Moda, Clara hizo la pasantía en Ana Livni. “La universidad está de más, pero es trabajando cuando te encontrás a ti misma”, expresa recordando aquellas épocas. “Ahí entendés lo que es realmente un taller, cuáles son tus procesos, cuál es tu estética, con qué te sentís cómoda. Esa pasantía me dejó la pasión por la calidad, por los materiales nobles, los textiles, la lana, la buena confección, la moldería alternativa, no tradicional. Creo que Ana Livni es de las pocas diseñadoras uruguayas que hace diseño de autor. Se cuentan con los dedos de una mano. Yo me siento también identificada con la moda lenta”.

Después de presentarse algunas veces sin éxito llegó el premio de Lúmina. “Era una plataforma increíble, me da mucha pena que no exista más. Yo daba clases antes, en Peter Hamers, y para mis alumnas era un sueño ganar Lúmina”. En esa edición presentó una colección inspirada en los poderes que tenemos dentro, en la que celebraba la fragilidad e imperfección del ser humano como origen del verdadero poder que es la resiliencia. Sus prendas presentaban una línea andrógina y fueron enteramente confeccionadas por ella misma. La diseñadora reconoce la influencia de creadores japoneses como Yoji Yamamoto y Rei Kawakubo, cuyos discursos suelen ir por ahí.

Con su socia, Renata, trabajaron mucho también con el concepto de genderless, ropa que no es de mujer ni de hombre. “Hoy día la mente de las personas cambió y la ropa no va a tener más género. Femenino y masculino es algo natural, no hay necesidad de definirse en uno u otro”.

La necesidad de seguir perfeccionándose la llevó a estudiar en la UTU, actividad que compartieron con Renata. Hizo modistería y prêt a porter, un curso bien enfocado en lo técnico. “Me vino muy bien, hay como una falla en la educación de diseño de moda. No se puede diseñar si no sabés cuáles son las posibilidades”, afirma. Juntas ganaron los fondos de la ANII por usar un sistema de patronaje alternativo que empezó desarrollando Renata para su tesis. Se trataba de tener cero desperdicio y trabajar con materiales sustentables. En esa etapa fue encontrándose más con el material, con todos los procesos que tienen que ver con el diseño.

La motivación fue pisando terreno firme y la oportunidad la agarró trabajando. Porque a comienzos de 2018 se presentó a un llamado del British Council para participar en la London Fashion Week y, ¡oh felicidad!, fue seleccionada para ser una de los 16 diseñadores del mundo en participar. Así comenzó un trabajo que durará casi dos años. Con cursos a distancia con el London College, que integra junto a la galería Somerset House, el British Fashion Council y el British Council, un board de mentores que impulsan el diseño a nivel global. La meta última es transformar toda la creatividad y las buenas ideas, toda la nube conceptual, en una marca, en business.

En julio participó en una residencia en el London College, para fortalecer justamente esa parte. Y la segunda semana se desarrolló en el Somerset House donde recibió un enfoque más curatorial, más creativo, para armar la instalación de febrero. Somerset House es todo un emblema: es uno de los grandes edificios históricos de Gran Bretaña, situado a orillas del Támesis, frente al National Theatre. Como era de esperar, Londres le voló la cabeza.

“Este proyecto es de las cosas más autobiográficas que hice”, cuenta entusiasmada. “Me inspiré en los rincones olvidados de Uruguay como representación del país que ya es: como un rincón olvidado del mundo. Tengo un lazo muy fuerte con Valizas. Tenemos una casa que mis padres construyeron hace 35 años. No tenemos luz, queda en la playa. Y me fui para ahí cuando se presentó esta oportunidad. Fui a la playa en un horario en que los recolectores de tesoros ya habían arrasado con todo y junté las cosas que habían quedado, las que la gente había ignorado: pedacitos de carbón, un pedazo de corteza de pino, un huevo de mantarraya… Saqué fotos con el celular en el alero del rancho, con luz natural, sobre una hoja blanca y las subí a Instagram. La poesía de esas cosas que ignoramos, la violencia que hay en ignorar… Quise retratar eso”. Esas imágenes sirvieron de disparador para la colección que presentará en la London Fashion Week.

En febrero, en la Somerset House, Clara armará una instalación que comprende tres maniquíes con sus prendas y una nube de organza donde habrá juegos de luces e imágenes. Se trata de un trabajo conjunto con el fotógrafo Brian Ojeda, Sofi Córdoba en la parte audiovisual, la arquitecta Camila Fernández y el peluquero Nacho Sarube, que además es su novio. También tiene que llevar una colección de 15 conjuntos pues la idea es conseguir compradores.

Hay ansiedad, hay vértigo, pero también la certeza de que se va por buen camino. “Cuando llegué a Londres tuve esa sensación de que somos todos lo mismo. Te das cuenta que sos una más entre muchas personas talentosas que se están rompiendo todo y que tienen sueños y defectos y virtudes y fortalezas como vos. Y te sentís parte de algo que podés sostener porque no estás solo”.

Como en todo proceso creativo, la incertidumbre, la sensación de salto al vació está presente: “estoy en pleno proceso creativo y estratégico porque es pararte desde tu fuerte. Algo que aprendí en este curso: no vayas a Europa queriendo hacer diseño francés o japonés, hacé diseño uruguayo. ¿Qué es lo que lo caracteriza? ¿Cuál es la silueta, los materiales, la esencia? Todavía no lo tengo resuelto”.

Sus prendas son asimétricas, sugestivas y usa materiales nobles uruguayos, lo cual podrá ser un gran desafío cuando le pidan cantidad porque en Uruguay hay muy pocos talleres y quedan pocas telas nobles. Los cortes de Clara son impecables y el juego de géneros llama la atención. Dentro de las prendas, como un tesorito escondido se lee en las etiquetas: “Anxious memories from the end of the world”.


En casa de herrero…

“Uso colores neutros, ropa muy cómoda, zapatos chatos. Si me pongo una pollera o un vestido va con pantalón abajo. No me maquillo mucho, sombra de colores no uso. Tacos tampoco. Vestidos, si son holgaditos… Pero en general no me hallo. Cualquiera que me conoce sabe que soy femenina pero no me entrego a la femineidad absoluta. Me gusta quedarme en un lugar más neutro. Estuvimos hablando con mis colegas en Londres por qué será que todos nos vestimos así. Y uno citó a un diseñador que decía que el trabajo del diseñador es hacer soñar a los demás, él es el mago. Yo lo siento así. Hay muchas cosas que hago que las considero hermosas, pero no me las pongo”.


La ansiedad

“Hay una relación de amor odio de los uruguayos con su país y más mi generación. Drexler tiene una canción, El Sur del Sur. La ambición es bastante propia de nuestra generación. El querer superarte y ser lo mejor que podés ser. Ver hasta dónde podés estirar tu límite creativo, tu límite emocional. Pero está la ansiedad de construir tus sueños a la ambición global viniendo de un país tan chiquito. Hay un miedo al desarraigo. Todos mis amigos se están yendo a vivir a Europa. Y tenemos la sensación de que todo es efímero. Las reuniones con ellos son así. Vibra una cosa líquida, como volátil”.


 

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