Tres bares de Manantiales

Algunos la llaman “Manantiales”, otros “El Chorro”. Lo cierto es que la zona que va de la Barra a la playa Biquini se llama así desde que un grupo de pescadores encontró un manantial de agua pura. Casitas bajas, pocos árboles, la cercanía del mar bravío y el extenso verde de las chacras marítimas, le dan un aire tranquilo y agreste. Un balneario de aparente perfil bajo que es cada vez más codiciado por jóvenes, familias y grandes celebridades.

En los últimos tiempos se han ido consolidando allí diversos emprendimientos gastronómicos que le dan al área un cierto dinamismo pues muchos veraneantes vienen especialmente a conocer la cocina de varios chefs que se han afincado aquí. Nombres como O’Farrell, Mar de verdes, La linda o Fish Market, ofrecen propuestas delicadas, con mucha onda, alineadas con el perfil de pueblito costero, decontracté. Les presentamos aquí tres opciones para salir a disfrutar de la noche y la buena mesa.

El Abrazo

Es la novena temporada de Federico Gasparri en esta casa-restaurante que fue creciendo cada verano. Con la familia, viven allí desde hace cinco años. Al living familiar, fresco y ambientado con una obra de Cecilia Vignolo encima de una amplia ventana, se le fueron sumando nuevos espacios: un deck, un área techada cerca del horno de barro y la parrilla de piedra y un gran fogón sobre la arena, rodeado de tamaris, acacias y el bosque de pinos que serpentea los bordes del terreno.

Gasparri trabaja todo el año con la empresa de catering que comparte con Marian Caviglia. El abrazo se mantiene fiel a sus riquísimos platos de influencia mediterránea aunque fue incorporando nuevos elementos como el horno de barro y la parrilla. La idea siempre es usar buenos productos, si son locales mejor, con interpretaciones personales. Es un clásico ya el cochinillo confitado, hecho en el horno de barro, con puré de papas y aceite de trufas con chutney y frutos nativos. También varios platos elaborados con pesca de Rocha: lasaña de cangrejo, croquetas de cangrejo, así como distintas versiones para los pescados locales, frescos, blancos. “Mi preocupación de todas las mañanas es conseguir el pescado fresco”, comenta.

A diferencia de otros chefs, Gasparri se involucra mucho con los postres: “me gustan, es como un remanso, es otra magia dentro de la cocina. Es una instancia más pausada, más metódica”. Esta temporada contará con la mano y las ideas de una pastelera muy buena de Buenos Aires, Samantha Elisalde.

Pulpo con pimentón, papas y duraznos                                                          

 

 

Elmo.

 

Un ambiente rústico, con mucha madera y tupida vegetación caracterizan a Elmo, ubicado a un kilómetro de la ruta 10, en lo que se denomina La bota de El chorro. Muy difícil de explicar dónde queda, hay que dar muchas vueltas en auto para llegar. La ventaja es que Elmo figura en Google Maps por lo cual uno es fácilmente guiado por la tecnología.

Rodrigo Ferreira es el alma máter de este emprendimiento gastronómico que funciona todo el año desde hace un lustro. Tras una rica experiencia en el restaurante La huella, Ferreira encaró una propuesta de ambiente distendido y platos variados para diferentes públicos.

Gente muy joven suele ir temprano a disfrutar de las pizzas finitas y crocantes entre las que se destaca la de cebolla confitada, gruyere y parmesano; la de jamón crudo y rúcula y la de queso de cabra y rúcula. Personas más grandes prefieren las carnes y los mariscos. Destacan los chipirones encebollados y la pasta con mariscos.

Gran protagonismo cobra la barra de tragos con muy buenos barmen, así como la cava de vinos y las cervezas artesanales.

Los puntos altos dulces son el crumble de manzanas, la torta de lima y los volcanes.

Un entorno muy natural y cálido, con luces indirectas y la magia del fuego dan marco a una experiencia gastronómica variada y muy rica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 

                                                                                                                                                                Chipirones encebollados

Mistura

Causa de langostinos, con maíz cancha y ají peruano

 

Sobre el km 163, tres cuadras hacia adentro de la ruta, se encuentra este lugar que lleva adelante una pareja de jóvenes chefs. Sebastián Araújo y Carolina Campaña ya cumplieron una década en Manantiales luego de gestionar otro emprendimiento en los Cerros Azules, a la altura del Peaje de Solís.

Formado por Francis Malmann, Araújo no está ajeno a la influencia de la cocción con fuego, al horno de barro y los productos locales. Tiene dos hornos en Mistura, uno grande y otro chico.

El menú cuenta con pocos platos, variados y condensados en sabor. Siempre hay una carne roja, un pescado, pollo, risotto y pasta. Es notoria la influencia peruana y aunque su nombre así lo hace pensar, no tiene nada que ver con el restaurante ubicado en Buenos Aires ni con la legendaria feria peruana de gastronomía.

Uno de los grandes protagonistas de su cocina es el pescado, en especial crudo, que se consigue de Rocha. A su vez Mistura trabaja con productores agrícolas de la zona, con los cuales se asegura tener variedad de productos, recién cosechados.

Muy característicos son sus tiraditos de salmón, sus pescados blancos y entradas frescas. Una delicia es la causa, plato elaborado con puré de papas, langostinos, palta, ají amarillo y salsa rosa.

Los postres son provistos por pasteleros especiales.

Cuentan también con un bar de tragos, vinos selectos y cervezas artesanales.

 

 

 

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