“Nietzsche dice que en el arte hay dos fuerzas aparentemente opuestas, pero que en realidad son complementarias: lo apolíneo (viene de Apolo, dios de las artes en la mitología griega) y lo dionisíaco (de Dionisos, dios del placer sensual), y ese entrevero, esos matices que hay entre un extremo y otro, producen el arte”. Diego Bianchi desliza este comentario mientras nos enseña su libro Candombe – Fiebre de Carnaval. Nos encontramos en su taller, en el fondo de su casa en el barrio Real de San Carlos, al que se llega atravesando un amplio y salvaje jardín con un gran tilo en el centro.

Publicado en 2010, el libro de candombe fue enteramente hecho por él: los textos, las ilustraciones, el diseño y la edición a cargo de su sello Pequeño editor. Para concretarlo estuvo como diez años, cuenta. Leyó muchos libros, algunos no directamente vinculados al tema como Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais. “Este escritor de la Edad Media era, además, médico y monje y su obra es representativa no del carnaval, pero sí de lo dionisíaco, del intercambio de lo que está arriba con lo que está abajo”, acota. Aparte de las lecturas, en esos años Bianchi fue investigando sobre el origen del candombe y entendiendo el sincretismo entre la cultura afrodescendiente y la cultura occidental y cristiana radicada en la colonia, en Montevideo y Buenos Aires. Se vinculó a una comparsa, aprendió a tocar, y naturalmente fueron saliendo los versos, las imágenes, la danza de íconos, figuras y colores afilados que evocan un clima de fiesta y efervescencia sobre el papel.

En ese proceso creativo hacía ya un tiempo que el creador argentino trabajaba tranquilo, lejos de la locura urbana, dándose tiempo para la creación propia. Hace 23 años que vive de este lado del río junto a su esposa, la escritora Ruth Kaufman. Aquí se abocó de lleno a la edición de libros objeto, un desafío que implica diferentes disciplinas, a la vez que continúa colaborando como ilustrador con medios culturales de Argentina, México, Colombia y España.

En este momento investiga sobre el carnaval de origen aymara. “La iconografía de la cultura andina, es algo que también me parte la cabeza, iconografía rupestre, tallada en piedra, pintada con minerales… todo eso capturó mi atención y termina siendo una influencia”, comenta. Con esas búsquedas va inspirándose para contar una historia o pintar un cuadro. En el proceso van aflorando destellos más personales a la vez se apoya en sus pequeños diarios. Con los años ha ido acumulando estos libritos que construyó a partir de antiguos libros de contabilidad de tapas duras, que fue cortando y transformando en mini bitácoras. En 2020 desde el museo MALBA Bianki ofreció un taller que se llamó Ilustración en proceso – Papeles fútiles donde mostró sus micro libros trabajados con fragmentos de papel de distinto origen y utilidad que va recolectando en sus viajes, y diversas ilustraciones. Así dio cuenta de cómo llevar un diario sin escribir una sola palabra.

“La búsqueda tiene el vacío, el vértigo, la necesidad de avanzar, como dice [Mario] Levrero, él hace literatura escribiendo, jugando con el inconsciente, el azar, lo dionisíaco y lo apolíneo. Al estructurar un trabajo uno tiene que poner la parte más apolínea, la razón, lo proyectual, para unificarlo con lo creativo y poder mostrarlo. En esa exploración lo lindo es que uno se pierde, y en ese ir y venir uno se encuentra con nuevos caminos. Es lo que me pasa a mí haciendo estos pequeños libros”. Va experimentando, construyendo una obra en sí misma. Porque estos libros tienen una identidad propia. De cada diario, que es lo troncal, surgen ramas que van armando una especie de árbol genealógico de la vida del artista y ahí se bifurcan senderos ya más conscientes. En esas pequeñas páginas se pueden ver, indudablemente, los gérmenes de su obra.

Para él fue muy importante, y de eso se da cuenta ahora, la influencia de la universidad donde tuvo un panorama general de la cultura, el arte y la literatura, que lo fue calando profundamente. Un maestro que le dejó huella fue Lido Iacopetti, profesor de Historia del arte, alguien que entendía el arte como algo independiente, que no necesitaba estar dentro del museo. Le han marcado también estéticas provenientes del dadaísmo o el positivismo ruso, lecturas de ciertos autores como Fernando Pessoa, Mario Levrero, o letras de tango y rock.

“El arte es búsqueda y transmisión de conocimiento, compartir, está bueno tener un maestro, y ahora estoy en posición de compartir con mis alumnos en el taller”, agrega. “Todo el tiempo estás aprendiendo con los gurises”. Todo se alimenta y allí donde cree estar enseñando o dando, tal vez más bien encuentra.

Otro de sus libros es Rompecabezas, hecho enteramente con cajas recicladas, que obtuvo muchos premios por el valor experimental y la temática que desarrolla, habla de inclusión e igualdad, pero también incorpora mucho de diseño. “Hay gente que lo ve y lo relaciona a Torres García, otros piensan que es reciclado de Berni”, dice, “uno es un crisol de cosas, tiene millones de cosas”. No en vano la técnica del collage le es muy afín –­en una época solía publicar con frecuencia sus collages en las portadas de los suplementos de cultura y espectáculos de Clarín–.

Su propia vida toma ese cariz expectante, de ir mezclando lo que le resuena para tocar una música nueva, ejecutando solo y en conjunto, abriendo ventanas que dan marco a su confiado caminar.

Texto: Malena Rodriguez Gugliemone

Fotografía: Joaquín Escardó Dell’Acqua

DIEGO BIANCHI (BIANKI) es maestro de dibujo, ilustrador, diseñador y editor. Expuso individualmente y en muestras colectivas en Lima, Buenos Aires, Tokio y Barcelona. Coprodujo la serie Con la cabeza en las nubes con Pakapaka TV, Argentina. Finalista Prix Jenesse Alemania 2020, dedicado a la creación e innovación de contenidos para la televisión. Cofundador y director artístico de la editorial de libros ilustrados Pequeño editor. Autor de libros para niños y jóvenes publicados en América Latina, Asia, Europa y EE.UU. Sus trabajos han formado parte de The White Ravens, un catálogo que publica anualmente la International Youth Library como una lista de recomendaciones para la literatura infantil y juvenil. Ha estado nominado candidato para el Hans Christian Andersen Award 2016 por Argentina. Obtuvo varios premios en Bologna, la meca de la literatura infantil y juvenil, por sus libros Rompecabezas y Abecedario. En 2015 Pequeño editor recibe el BOP Bologna Prize, otorgado por la Bologna Children’s Book Fair, destacándola como la mejor editorial para niños e 2015 (América Central y Sudamérica). Ha integrado la lista de honor de IBBY, libros extraordinarios para personas jóvenes con discapacidad. Ha sido premiado en varias oportunidades por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina (ALIJA) por su trabajo como ilustrador y editor 2004-2017.

 

 

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