Alfonso Villagrán

Hay artistas que empiezan experimentando, jugando y atreviéndose a cruzar líneas. Son los llamados autodidactas, que se mueven solos, sin estímulos ni guías formales en el camino. En realidad, Alfonso Villagrán vivía el arte de cerca. Su madre, sus tíos y primos pintaban. A los 14 años empezó a dibujar. A la hora de elegir qué estudiar se volcó al diseño de indumentaria y luego de trabajar un tiempo abandonó y se dedicó solo a pintar. Sus primeros pasos más comprometidos se dieron en la abstracción, probando con los materiales, los pinceles, soltándose. Después de un tiempo de estar pintando, de moverse cómodamente en esta frecuencia creativa, un conocido abrió una galería en Buenos Aires, Walrot Gallery, y allí presentó lo que estaba produciendo.

Desde un principio aprendió a manejarse bien con las redes. Gracias a su presencia en Facebook captó la atención de un ruso –Alex–, de Moscú, que manejaba artistas internacionalmente. Gracias a él participó en una primera muestra colectiva en California con tres obras. Con él se fue forjando una relación a distancia. Alfonso pintaba y le mandaba fotos de lo que iba logrando. Alex elegía y así fue exponiendo en el exterior: oportunidades como el Museo de Arte Contemporáneo de Moscú o la Bienal de Rumania fueron un trampolín a nuevos contactos, nuevos horizontes.

En cierto momento se impuso la necesidad de estar en el lugar donde sucedían las cosas. Partió así a Barcelona donde se afianzan nuevos contactos e impensadas posibilidades de creación. Como ser, por ejemplo: compartir un proyecto creativo con un fabricante de lentes artesanales, un talentoso finlandés. Juntos expusieron en la galería Eggs & Chips, perteneciente a un inglés. Alfonso pintó su versión de esos lentes. Esa muestra se trasladó a Finlandia y allí el joven artista se instaló unos meses. Luego otra muestra en San Petersburgo lo llevó a vivir la cultura rusa por un tiempo.

Muy prontamente se dio la posibilidad de pintar objetos: almohadones, ropa, championes. Pintó para algunas marcas como Geoffrey Campbell, Hunter, Dr. Martens. Para esos trabajos firmaba artis4lovers, en vez de Alfonso Villagrán, algo que reservaba para la firma de sus cuadros. Pero luego fue entendiendo que su verdadera firma era artis4lovers, para todo. Un nombre que cobró fuerza y le fue dando a conocer principalmente en las redes sociales. Incluso se ganó el apodo de Artis. En Instagram su obra adquiere una textura décontractée, libre, fresca, pero, a la vez, con cierto misterio.

Después de Rusia, Alfonso se mudó a Miami, luego a Los Ángeles, epicentros del arte contemporáneo donde cada vez hay más movida. Allí conoció gente, más marcas y artistas que mezclan su arte con el diseño. Efervescencia, inspiración, contactos. En Miami expuso en The Cigar Factory, la galería de Andy Warh

ol. También participó en distintas oportunidades en Art Basel. En Los Ángeles pudo apreciar el gran desarrollo y la evolución de una ciudad que estaba muy enfocada hacia el Street art y que ahora está incursionando en todos los ámbitos artísticos con mucha gente llegada de Nueva York.

En este momento este uruguayo, que es más conocido fuera de fronteras que dentro, se encuentra en Montevideo. Y aquí surgió la oportunidad de pintar algo grande y especial: un auto Mercedes-Benz. Como parte de la campaña mundial Grow-up, Mercedes-Benz en Uruguay aporta su cuota de creatividad con la intervención gráfica de una GLA. Así, una serie de dibujos lineales trazados con marcadores para metal van resaltando el diseño del auto en sus distintas áreas, haciendo lucir con más fuerza su silueta. Un video en Facebook e Instagram muestra el proceso de esta audaz intervención. Además, el auto se puede ver en la calle circulando y suele estar presente en desfiles y producciones de moda.

Es tal vez de lo más atípico que ha hecho hasta ahora Alfonso pues en su obra suele haber gente, rostros, cuerpos, varios de ellos tatuados. Algo que le gusta mucho es proyectar estados, deseos y pensamientos propios en esos personajes que pinta. Junto a Mercedes-Benz tendrá otra oportunidad de recrear sus seres pues imprimirá su sello en distintos objetos: tablas de surf, skates, remeras, bolsos y toallas de playa.

Para él, el arte empezó siendo una terapia y luego se convirtió en una forma de vida. Hoy es un terreno donde prueba, experimenta, arriesga. A todas luces tiene un espíritu lanzado, se anima a crear algo diferente y a golpear las puertas necesarias para convertir su arte en algo vivible, tangible. Y no espera a que las ideas lleguen para moverse, dice. Es trabajando, haciendo las cosas, probando nuevas técnicas y colores que por ahí surge la novedad. Y así una idea interesante se puede hacer realidad en el más cotidiano de los soportes.

 

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