Al pensar en Colonia de Sacramento viene a la mente la postal del empedrado del casco antiguo con extranjeros tomando vino bajo una farola. Los últimos tiempos nos han cambiado a todos y este lugar no ha estado ajeno, con nuevas facetas en su movimiento, pero también en la gente que lo visita. Cada vez más son los uruguayos que van y permanecen varios días disfrutando de las atractivas propuestas que este rincón del suroeste de Uruguay tiene para ofrecer. El resurgimiento del turismo interno se da en consonancia con una nueva movida muy local desde la oferta con variados programas también en los alrededores.

Para la noche, por ejemplo, hay en la ciudad varias novedades: desde nuevos restaurantes a cervecerías artesanales, como Barbot, y lugares de tragos, como La Locanda. Esta última se encuentra a un par de cuadras de la calle Gral. Flores, sobre la calle W. Barbot (167) y es un bar con muy buena onda. Dos casas antiguas, una refaccionada y la otra convertida en patio interior, conforman un espacio aireado, bien iluminado, con plantas y árboles, donde se disfruta de la buena comida, tragos y excelente música. La Locanda surge hace pocos años por la iniciativa de dos amigos, que luego de vivir en distintos países del mundo volvieron a su ciudad natal y decidieron abrir este bello lugar. Los viernes de noche hay siempre algún toque interesante de tango, jazz, u otro tipo de música.

Sorprendente coctelería de autor

La blanca y antigua construcción con una V marcada en su proa, ubicada sobre el final de la calle Gral. Flores, alberga a Casa Viera. Se trata de un emprendimiento bastante reciente, que no llega a dos años, dirigido por Serafín Viera, un joven emprendedor y oriundo de Juan Lacaze, que siempre soñó con tener un restaurante en esta ciudad. Lo primero fue formarse en hotelería; hizo sus primeras prácticas gastronómicas en el restaurante Charco, y luego se fue a conocer el mundo: cruceros en los mares Caribe y Mediterráneo, estudió sommelier en el Gato Dumas y bartender en el Cóctel Club y trabajó en el área administrativa en Group Mup, un grupo argentino que tiene 10 restaurantes en Montevideo entre los que se encuentran Dakota, Montevideo Beer Company y Gallaghers.

Hasta que se le dio la oportunidad de concretar su propósito. Junto a su padre y su pareja, Manuela, abrió Casa Viera, bautizándola con el apellido familiar. El fuerte vínculo con otros restaurantes y lazos de amistad con diferentes especialistas le fue abriendo camino a un proyecto cuidado y de muy buen nivel.

La carta fue armada con asesoramiento del chef del Hotel Figari de Montevideo. Un menú que comenzó muy gourmet y que luego fue incorporando una cocina más propia. Si bien hay platos elaborados y de fusión como buñuelos de kale y mostaza con dip de rabanito picante o falafel con criolla peruana, también se puede encontrar una opción más local como empanadas de chancho en cocción lenta o quesos fundidos con conserva de morrón.

Si hay algo que brilla con verdadera luz propia es su coctelería de autor. Al llegar los comensales son recibidos con un ponche de té de frutas delicioso. El día que Revista Mercedes-Benz la visitó sonaba la música de Cesária Evora; muy rápidamente nos hicieron sentir como en casa. Luego de pasar por el patio interior por el que se accede, recorrimos esta casa centenaria, una construcción portuguesa. A la izquierda, un amplio salón armoniosamente ambientado con la gracia del diseñador argentino Santiago Estellano. A la derecha, un ambiente más pequeño que conecta con la cocina y la barra. El bartender cordobés, Gonzalo, nos habló del vermut que preparan allí, Gaucho, una bebida fuera de serie que comercializan en distintos establecimientos.

Pedimos las falafel y camarones crocantes con coco y panko sobre emulsión de palta y mango, muy ricos, mientras nos sorprendíamos con Gaucho, un trago a base de infusión de yerba mate, vermut Gaucho, almíbar de menta. Un sabor realmente diferente y bienvenido. El Vierita también gustó, compuesto por gin macerado en arándanos, almíbar de hierbas, jugo de arándanos, limón y agua tónica.

Los platos principales fueron risotto de vegetales con remolacha asada, queso de cabra y almendras tostadas, y milanesa de bife ancho con salsa de tomates en conserva, quesos gratinados y tomillo. Ambos muy bien presentados y sabrosos.

No llegamos a probar los postres, aunque parecían tentadores. La carta incluía crumble de pera con helado, pañuelo de dulce de leche quemado con almíbar de lavanda y helado y brownie de chocolate y naranja con miel de maracuyá. ¡Volveremos!

Durante el día está bueno reconectar con la Colonia histórica. Nunca está de más hacer un paseo con una guía local, que suelen ser apasionadas de la ciudad y sus relatos, deambular por las callecitas, pasar por el Portón de Campo, subir al faro y ganar otra perspectiva. O visitar el Museo Municipal y adquirir un tique de 50 pesos para poder acceder a los museos que estén abiertos: el Archivo Regional, el Museo Español, el Portugués, el Paleontológico y Casa Nacarello, entre otros. No coincidimos con el horario para darnos una vuelta por el acuario y conocer los peces autóctonos del Río de la Plata.

Y así como la cultura nos hace vibrar, la historia también y más si se vive desde un barco, sintiendo la brisa y el sol en la piel. Una propuesta bastante reciente es la de hacer paseos por la bahía en el barco Malibú que sale del puerto. Es una travesía de una hora que llega hasta las islas López. Desde el río es muy ameno observar la orilla, el puerto natural con los restos del muelle Mihanovich, llamado así en alusión al argentino Nicolás Mihanovich, empresario que construyó muchas obras en Colonia, desde el Real de San Carlos al hotel cinco estrellas donde hoy funciona la Universidad de la Empresa, un frontón de pelota vasca o el tren que recorría las instalaciones. Mihanovich instauró también el transporte de turistas en buques entre Colonia y Buenos Aires. Aparte de los vestigios de este muelle que nos habla de otras épocas y otros esplendores, se ven desde el agua las torres de las fábricas de Conchillas, la torre de Anchorena y mucho más cerca del barco, los caballos del hipódromo haciendo sus rutinas en la orilla, cual hidro gimnasia equina, montados por sus jinetes. Recortada sobre el horizonte se vislumbra la draga del canal Martín García que trabaja todos los días del año. Nos cuentan que es esta una parte del río difícil de navegar porque hay mucha arena y piedras cerca de las islas. Pero ni nos enteramos, se trata de un paseo muy calmo, perfecto para hacer al atardecer. Este barco también ofrece travesías hasta el embarcadero de Riachuelo donde se puede ver la hermosa cantera abierta. Lleva más horas y se navega río adentro pudiendo conocer otro tipo de entornos naturales.

Rico té en un lugar privilegiado

Una antigua casa en tres niveles con vista al río y el lugar exacto donde se pone el sol: así se ve desde afuera Queriéndote, una confitería-restaurante establecida hace seis años sobre Paseo de San Gabriel, en plena rambla coloniense, y con acceso también desde la adoquinada calle Del Comercio. La carta que se ofrece es artesanal, con productos para quienes quieren comer rico y sano, incluidos vegetarianos y celíacos, platos en su mayor parte elaborados con materia prima del departamento.

Esa tarde asistimos al five o’clock tea. Lindo ver los distintos pequeños grupos sentados a las mesas: amigas, parejas, madres e hijos, en ese tiempo detenido de la charla tranquila, disfrutando un entorno acogedor, con la naturaleza cerca y las delicias por llegar a la mesa. Abrimos la carta de té: es extensa y está bien armada, con sus descripciones tentadoras, con blends de la casa elaborados por la anfitriona, Magdalena Díaz, donde se resalta el sabor de naranjas deshidratadas, arándanos de Salto, manzanilla y lemon grass, así como tisanas, esto es, mezcla de distintas hierbas con hibiscus, lavanda, romero, rooibos, entre otras. Hay una colección de Mónica Devoto, y otros puros de origen: blancos, verdes, negros como English Breakfast o Lapsang Souchong. Variada y sofisticada lista de tés, sin esencias ni fórmulas. Para el que prefiere el café, el que sirven es Illy.

A la hora de elegir la torta es posible recibir asesoramiento sobre el mejor maridaje para disfrutar luego con esa vista clásica y siempre pura del sol. Probamos la torta de chocolate, húmeda y liviana, la de pistacho que llevaba crema, una muy buena cheesecake con frutos rojos y la Red Velvet, una torta que en sus orígenes llevaba cocoa y en tiempos de guerra en Estados Unidos llegó a hacerse con jugo de remolacha. Sabores distintos a lo que se está acostumbrado, algo que se agradece.

Cuando se ingresa a la casa de Queriéndote se encuentra con un showroom donde se venden tés, dispuestos en lata, pero también variados productos para encarar con sentido estético la ceremonia del té: desde teteras hasta manteles y objetos específicos para hacer de esta toda una experiencia.

Real de San Carlos, ineludible. La plaza de toros sigue siempre allí, soberbia con sus columnas de estilo Mudéjar en el barrio que lleva su nombre, convertido en una zona muy agradable con casas nuevas y árboles de distintas especies. Esta plaza de toros fue inaugurada en 1910 pero llegó a durar solo dos años pues en 1912 el presidente José Batlle y Ordóñez prohibió las corridas de toros. Desde entonces se realizaron otro tipo de espectáculos hasta que luego fue abandonada. Se le hicieron algunas intervenciones, en 1974 y luego en 1995. En todos estos años persistió la parte externa con sus columnas y arcos y, por dentro, la estructura de hierro que había sido traída de Gran Bretaña y armada en Colonia. Pero ahora, afortunadamente, la Plaza de Toros se está reconvirtiendo. Las obras llevarán varios meses para lograr un centro multipropósito con espectáculos culturales, deportivos y artísticos. Una vez que esté pronta se licitará internacionalmente como el Antel Arena.

A pocos minutos de la Plaza de Toros se encuentra el Hotel Sheraton Colonia Golf & Spa Resort, uno de los hoteles que está trabajando a buen ritmo con este revivir de Colonia. Según observan algunos operadores, si bien antes el turismo interno representaba un 20%, ahora se ha multiplicado por cuatro, especialmente en fechas clave como Carnaval, Semana de Turismo y vacaciones de julio. Hoy persisten varias posadas y hoteles que muchas veces son elegidos por la amplitud de sus espacios cerrados y abiertos. El Sheraton está rodeado por un predio propio de cinco hectáreas, parque y canchas de golf, con espejos de agua y el río muy cerca. Es muy agradable despertarse con el sol en la ventana y decenas de golondrinas revoloteando cerca del vidrio.

Hay muchas actividades para hacer en este hotel que cuenta con tres piscinas afuera y una interior climatizada. Se puede disfrutar del circuito aeróbico en la Rambla o salir a andar en bici. Se encuentran a disposición sillas y sombrillas para ir a las playas cercanas. Recordemos que está la playa Ferrando y la del Calabrés a un par de kilómetros de la ciudad, con médanos y un muelle viejo de la época de la colonia. Hacia el oeste, las playas asumen una tipología de barrancas con atardeceres pintorescos y más cerca de Punta Gorda se aprecian interesantes cauces del río. El hotel se ha involucrado mucho también en la movida artística y en sus ambientes comunes cuelgan cuadros de Fernando Fraga, Daniel Barbeito, entre otros creadores de la zona.

Para estas fechas se organizan actividades temáticas en torno al folclore con guitarreadas, fogones y corderos a la estaca. Se ha logrado mantener un desayuno buffet debidamente cuidado con mamparas y asistencia en un salón de 600 metros cuadrados que permite el distanciamiento social, con luz natural y ventilación al parque. A su vez el food truck del hotel ha sido un protagonista especial este año, permitiendo a los huéspedes comer típicos chivitos o ensaladas frescas al aire libre, rodeados de naturaleza.

En la propuesta gastronómica del hotel tienen un lugar preponderante los vinos, los aceites y quesos locales. Se trata de presentar a Colonia en el plato, con lo cual se combina la cocina internacional con productos regionales. A su vez, se adecuaron los precios al público uruguayo.

Sucede que es cada vez más interesante y variada la oferta de productos gourmet en la zona y se ha desarrollado fuertemente el turismo vinculado a esa producción. Tenemos así varios establecimientos vitivinícolas en Colonia y Carmelo con interesantes bodegas boutique como Viñedos y Olivares del Quintón, una bodega de última generación que se ha dedicado al Malbec, o Bodega Fripp, El legado, Campotinto y una muy antigua que está en plena reconversión como es Los Cerros de San Juan, fundada en 1850, con un casco espectacular, y un viejo almacén de ramos generales que hoy alberga el restaurante Almacén de Piedra. En la zona de Colonia Estrella hay también un área vitivinícola que impone una visita.

Hay una rica propuesta también para almorzar o cenar en zonas más rurales. Caliu es un emprendimiento autosustentable ubicado en una zona de chacras, con un menú muy atendible en precio y calidad, en un entorno de belleza silvestre y calma que vale la pena conocer.

Visitar la comarca

El restaurante Las liebres está inmerso en el punto más alto de las afueras de Colonia, en un parque con árboles centenarios. Un camino de olivos conduce a la antigua casona de estilo Neo-Tudor de 1920 que ha sido modernizada. En el refaccionado comedor, una suerte de jardín de invierno con una estructura de hierro y pisos de piedra, se accede a una vista muy atractiva: el verde, los árboles, la nutrida huerta, el Real de San Carlos más atrás y en la línea del horizonte, el contorno de Buenos Aires.

Ya en la mesa, la experiencia comienza con el pan de masa madre calentito, de suprema textura. Nos disponemos a elegir los platos diseñados por el chef Hugo Soca.

Probamos la ensalada de la huerta compuesta por la simpleza de algunas hojas verdes, lascas de zanahoria y zucchini, y tomates cherry. Un buen aceite de oliva, sal y pimienta. Nada más. La frescura y el sabor de algo recién tomado de la tierra. Tres personas están a cargo de la huerta orgánica, en la que se van intercalando todos los cultivos, matizados por flores que colaboran con el cuidado de las plantas. Un placer recorrer los espirales de la huerta. Pero volvamos al menú. La sopa de tomate fría con algo de crema, también muy gustosa.

La sugerencia del día era una pesca muy especial: el lomo chicote de la vieja del agua, una carne blanca, carnosa, sin espina, de sabor bastante intenso, servida con un puré de zapallo que combinaba muy bien con ese tipo de carne. Además, raviolones de albahaca rellenos de tomate y berenjenas asadas, ricotta, salsa de olivas, rúcula y parmesano.

El toque dulce lo dieron la torta húmeda de chocolate con quinotos en conserva elaborados en la casa y garrapiñada de almendras, y el arroz con leche con merengue crocante.

Aparte del restaurante están a disposición los productos que elabora Las liebres: conservas de hinojo, remolacha, morrones, frutas en conserva, dulce de leche, entre muchas más. Recordemos que Comarca Las liebres comprende el restaurante y el hotel, con dos bellas y amplias habitaciones en la parte superior de la casa.

Colonia da para muchísimo más de lo que podemos abarcar en esta nota. Nos enfocamos esta vez en el casco histórico y sus alrededores. Antes de cerrar, recomendamos una quesería que se puede visitar ya de regreso hacia Montevideo para volver a casa con productos de primera.

La Cumbre es una quesería artesanal en Nueva Helvecia (Ruta 1 km 117,8) que bien vale demorar un poco el retorno. Artesanal porque ordeñan sus propias vacas y el queso que producen es solo de leche cruda para conservar mejor las nutrientes. Son quesos esencialmente naturales en los que se tiene un amplio control de calidad en todos y cada uno de los procesos hasta llegar al proceso final con aromas, texturas y sabores únicos, que se perciben intensamente cuando se realiza una visita. Una especialidad de La Cumbre es el queso Chester, elaborado en base a una receta encontrada en un libro del bisabuelo de la actual encargada del establecimiento, Karina Celio, quinta generación de queseros. También elaboran quesos de masa semidura como Colonia y Dambo, y de masa dura como Grana (tipo Parmesano), Sbrinz, Semiduro y Sardo. Karina explica cómo debe ser un buen queso Colonia: los agujeros deben estar bien definidos, del tamaño de la yema del dedo, tienen que ser pocos y brillosos, centrados. Y no puede ser muy amarillo pues sería un indicador de que se le puso colorante. Sus quesos se ordenan por trazabilidad, con matrícula que se graba en la cáscara. Se siente el peso de la tradición, no en vano La Cumbre tiene 150 años. Lo más original que se conserva de los orígenes es el sótano donde reposan los quesos las primeras semanas. Los padres de Karina provienen de familias que trajeron sus conocimientos de Suiza y Alemania, y así complementaron el legado que le dejan a sus hijos.

Interesante mantener el recuerdo de la visita a Colonia con un buen queso, un vino rico y algo más en conserva para picar mientras se planea la próxima aventura al Uruguay de adentro.

Texto: Malena Rodríguez Guglielmone

Fotografía: Joaquín Escardó Dell’Acqua

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