Con Sofía Balut Páez

Sobre la ruta 10, sobre el km 160, allí donde está por comenzar la playa Montoya, se encuentra la galería de arte Sofía Balut Páez. Cada verano se la puede ver a ella, trabajando entre obras de su abuelo, Carlos Páez Vilaró, obras suyas y de otros artistas contemporáneos a quienes representa. En verano Sofía vuelca todas sus energías a la tarea del marchand organizando exposiciones, vendiendo obra, conectando gente. Participando con su obra en muestras como la que tendrá en el Banco Mirabaud y en el Club de Tenis de Punta del Este este verano.

El resto del año transcurre en Barcelona, donde vive con su marido argentino y su hija de dos años y medio. En esa ciudad es donde realmente se sienta a trabajar y vuelca su fascinación por las formas, el color, y la búsqueda personal. También allí trabaja la obra de su abuelo enfocada en el mercado europeo entre otros –hace poco estuvo participando en Miami Art Basel– y expone su trabajo en Barcelona.

Recuerda con mucho cariño a su abuelo. Siempre lo vio como una persona muy sencilla, que se llevaba bien con todo el mundo. Cuando era chica su madre gestionaba el parador Chiringo, y con sus amigas subían a lo de su abuelo que estaba siempre con la esposa, Anette. Ella les daba chocolates, su abuelo pintaba y ellas se entretenían en su casa. Con Agó también tuvo su acercamiento a la pintura. Mientras pintaba grandes mandalas le sugería a Sofía que pintara angelitos. A ella le gustaba. Agó dibujaba la figura grande con las alas. “Los ángeles que te cuidan. Siempre me ayudó”, dice sobre Agó. A Sofía le marcó mucho un libro que le regaló su tía, El poder está dentro de ti, de Louise L. Hay. Agó se lo regaló cuando tenía 15 años. “Fue un antes y un después, me ayudó a ser positiva, a sacar la palabra ‘no’. Cuando mi mamá se enfermó –tuvo tres paros cardíacos–, con ese libro fui de las pocas que pudo estar más entera. Siempre me llevé bien con todos en mi familia”.

A los 17 años Sofía se fue a vivir a Montevideo, a estudiar en el Instituto de Actuación de Montevideo. Vivía entonces con dos amigas. “Después me cansé de Montevideo y me fui a Buenos Aires. Vivía sola, trabajaba en una discográfica y estudiaba teatro con Teresita Galimany y con Marcelo Cosentino. También hacía pintura con Paola Vega y canto con José García, hermano de Charly”, recuerda.

Posteriormente pasó un invierno en Nueva York y al verano siguiente se instaló en La Barra en lo que fueron sus primeras experiencias en emprendimientos gastronómicos. Agite primero, Primera dama después (un restó en Manantiales). Trabajaba mucho, no vivía casi y se cansaba. Pintaba también, decoraba los lugares con sus propias obras.

Entonces surgió la oportunidad de abrir una galería. Corría 2015 e inauguró con un socio en un local frente a Magma y Caro Criado. Al poco tiempo se dio la posibilidad de mudarse donde está actualmente. En La Barra comparte local con su hermano que tiene una inmobiliaria. Durante los veranos se encarga de la galería y luego vuelve a su vida en Barcelona. Con su marido, que es representante de futbolistas, y su hija, Milán, viven en Premiá de Dalt, un lugar tranquilo cerca de la ciudad, con vista al mar. El nombre de su hija, de dos años y medio, está inspirado en la ciudad italiana donde la pareja se enamoró.

En Barcelona Sofía reparte su tiempo entre cuidar a su hija, hacer un máster de arte contemporáneo, pintar y asistir a clases de actuación. “El teatro me lo tomo como terapia. Para mí es muy importante la energía grupal”.

A sus 28 años tiene ganas de hacer muchas cosas. Sin embargo, entiende que lo suyo, en realidad, es el arte. “Si bien la actuación siempre estuvo, es más un ámbito que me hace bien, ahí libero. El curso de actuación que estoy haciendo es con una terapeuta gestáltica. Trabajamos mucho con las emociones y reflexionamos sobre nosotros mismos. Estamos viendo el eneagrama, son 9 tipos de personalidades y eso para la actuación es buenísimo. Está bueno saber qué eneatipo encarar para cada personaje. Por eso me gusta mucho esto y por eso quiero empezar la siguiente serie de pintura con el tema del eneagrama. Conecto todo”.

El año pasado hizo alguna consulta de biocodificación y allí fue descubriendo cómo en la familia algunas personas que están más cercanas por las fechas de nacimiento deben trabajar ciertas cosas. Este estudio que ahonda en el conocimiento de su familia le hizo mucho bien. “Me gusta tener las heramientas para conocerme. Es la clave para quererse más”, afirma. Lo que va aprendiendo lo va volcando a la pintura.

A Sofía le interesa mucho el cubismo y juega con esa concepción en su trabajo. Desde muy chica siente fascinación por Picasso, algo que seguramente le dejó también su abuelo. “En el cubismo es como que tenés varias miradas, distintas luces, entonces nada es real a la hora de pintar”. Le encanta el mítico cuadro Las señoritas de Avignon de Picasso y ha hecho su propia versión que se puede apreciar en su cuenta de Instagram, @sofiabalutpaez.

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