Viña Vik Millahue

Las bodegas de diseño son una nueva tendencia en el mundo. En España se encuentra el hotel de vinos Marqués de Riscal, diseñado por Frank Gehry, y una tienda de degustación de R. López de Heredia ideado por Zaha Hadid. La Toscana también tiene una bodega de estrambótico diseño para los vinos Rocca cuyo autor es Renzo Piano. Y como éstas unas cuantas más en distintos rincones del mundo.

En Chile, ahora, existe un emprendimiento de este tipo en su valle central, iniciativa del magnate noruego Alexander Vik, muy conocido por estos lares por ser dueño de la famosa Estancia Vik de José Ignacio. Vik es un economista de Harvard que inició su carrera como asesor de inversiones en el hoy desaparecido banco Lehman Brothers. Experimentado hombre de negocios, dio el gran salto a fines de los ochenta, con el éxito de su firma vinculada a las empresas puntocom. Junto con sus hermanos Erik y Gustav, se ubicó en el año 2000 en el puesto 160 del ranking de Forbes de los más ricos del mundo, con una fortuna familiar estimada de 2.900 millones de dólares.

Entre sus gustos está el vino y en cierto momento se le ocurrió que quería hacer el mejor vino del sur del mundo. Así, hace una década llegó a Chile —donde había pasado su luna de miel con su señora Carrie— y juntos comenzaron a buscar el terroir ideal para crear un vino excepcional y a la vez construir una viña de lujo y un hotel boutique. Les llevó dos años encontrar la locación adecuada, situada en el Valle de Millahue donde compraron unas 4 mil hectáreas en la ladera norte de Apalta. La apuesta en Millahue era arriesgada por lo abandonada que se encontraba la tierra, pero un equipo de expertos realizó más de 6 mil pruebas al terreno y decidieron que era el óptimo. Hoy la apuesta es llevar a cabo un proyecto holístico, donde no sólo se haga “el mejor vino”, sino que también se unan el arte y el manejo sustentable del medioambiente.

Para edificar la bodega contrataron al arquitecto chileno Smiljan Radic y para el hotel, al uruguayo Marcelo Daglio. El hotel sigue el espíritu de Estancia Vik en Uruguay, en el sentido de que cada habitación fue intervenida por un artista. Se trata de 22 habitaciones, con ventanas del piso al techo y una vista deslumbrante del valle y las montañas. Cada una con un diseño particular, con obras de arte de alto nivel. Una de esas habitaciones fue intervenida por el artista uruguayo Eduardo Cardoso. Encantadores espacios comunes se conectan con los jardines y la vista de la piscina cuyo espejo de agua hace eco con el lago en el paisaje un poco más allá.

Hacia el vino ícono de Sudamérica

La llegada a la bodega es impresionante con la vista de una gran construcción transparente con un arco flotante hecho en titanio dorado inspirado en las montañas y el viento.

Mercedes-Benz realizó una recorrida por Viña Vik con la guía de Patrick Valette, su enólogo. Valette cuenta con gran trayectoria internacional. es de origen francés y su familia era propietaria de Chateau Figeac Saint Emilion Grand Cru Classe.

La recorrida comenzó con la historia del emprendimiento y el anhelo de Alex y Carrie Vik en lograr un viñedo holístico que produzca el mejor vino tinto de esta región, y que lleve como marca su propio apellido.

En un total de 300 hectáreas plantadas, rodeados de majestuosas pequeñas montañas, se ubican los viñedos distribuidos todos en diferentes tipos de suelos y pendientes. Se componen de variedades tintas como Merlot, Carmenere, Syrah, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon. En estas latitudes se cuenta con un micro clima único y casi se podría decir que Vik posee su propio valle que se puede vislumbrar con perspectiva desde el mirador que tiene el emprendimiento.

Las exigencias para alcanzar la excelencia han sido varias. Entre ellas utilizar sólo luz natural en la bodega y preocuparse de que las botellas generen menos emisiones de CO2. Como a Vik no se le escapa detalle y quiere que éste sea un proyecto rentable, toda la uva que no utiliza la vende a altos precios a empresas como Montes y Concha y Toro.

Una vez adentro la bodega es como una galería de arte rodeada de la mejor maquinaria y tecnología para la elaboración del único vino de la bodega Vik Millahue. La degustación para los turistas es una buena muestra de lo que producen. Por otra parte, la degustación para profesionales permite degustar todos los componentes por separado, como el Merlot, Syrah, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon donde claramente se puede apreciar la personalidad de cada uno de los vinos que luego integrarán en diferentes proporciones este vino ícono de Sudamérica.

El artista uruguayo Alejandro Turell diseñó algunas de las etiquetas de estos vinos.

 

 

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