Tali Kimelman

Shinrin-yoku es un término japonés que significa “baño de bosque” o “absorber la atmósfera del bosque”. Se desarrolló como actividad en Japón en los años ochenta y se convirtió en una forma muy placentera y saludable de pasar el tiempo. Se trata de meterse entre los árboles por varias horas y caminar lentamente pisando las hojas, respirando el aire puro del inmenso verde, con toda la atención en lo que se ve, lo que se oye, lo que se toca y lo que se huele. Una manera de vivir el espacio natural de tal modo que se convierte en una experiencia transformadora que sutiliza y carga de energía.

Cuando empezó a visitar con frecuencia el arboreto Lussich para sacar fotos, Tali Kimelman recordó este concepto y decidió denominar la serie de imágenes que fueron surgiendo, con ese nombre. En esta intención se unieron dos cosas: su amor a la naturaleza y el recuerdo de Japón, el país responsable de que un día decidiera dejar la ingeniería biomédica para dedicarse a la fotografía.

Fue en 2004, con 25 años, cuando empezó esta fascinación. Estaba cursando una maestría en Chicago y se fue a Kioto a presentar un trabajo en un congreso. “Cuando llegué allá no sé qué me pasó, me vinieron ganas de sacarle fotos a todo”, recuerda. “Tenía una camarita de 3 mega píxeles y ahí se me despertó el gusto por la fotografía. Ir a Japón es lo más parecido a viajar a otro planeta. Todo es tan distinto, la gente, todo es diferente. Eso me estimuló, quería registrarlo, llevármelo de alguna manera. Cuando volví a Chicago me compré una cámara y empecé a sacar fotos sin parar”.

También manejaba muy bien la computadora y aprendió Photoshop fácilmente. Luego hizo un curso en el Fotoclub de Montevideo, pero era más de laboratorio, de aprender a revelar, y ella ya había entrado a la disciplina con lo digital.

Muy rápidamente hizo posproducción y eso le ayudó a mejorar la composición al hacer las fotos. Trabajó también para varios fotógrafos destacados de quienes aprendió viéndolos en acción: Rafael Lejtreger, Diego Velazco y Santiago Epstein. En muchos casos era ella quien les hacía la posproducción de sus fotos. Los primeros tiempos trabajó mucho en moda, en publicidad, con retratos e imágenes gastronómicas y arquitectónicas.

El acercamiento a la fotografía de autor se dio tímidamente con las primeras imágenes que fue tomando desde el ventanal de su apartamento que da al puertito del Buceo. Allí, con el mismo marco de fondo, el mismo paisaje, ha venido registrando la impresión de días muy variados: uno con arcoíris, otro con un rayo, a veces un atardecer, la rareza de un incendio en ese escenario.

Un día se enteró de un curso de proyectos personales que dictaban los fotógrafos Pablo Guidali y Diego Vidart. Fue con la idea de hacer algo con la naturaleza porque es el lugar al que siempre vuelve. Le hace bien, la calma, la hace retornar a su centro. Probó de sacar fotos en varias locaciones: Villa Serrana, la Quinta de Capurro. Pero fue cuando llegó al arboreto de Punta Ballena que entendió que el lugar era ese, que no tenía que buscar más.

Comenzó a irse los fines de semana y a disfrutar horas y horas del bosque. Caminaba, observaba, estaba atenta, disparaba la cámara. A fines de 2017 llegó un equipo de editores de fotografía de National Geographic a Uruguay y se interesaron por su trabajo. Semanas después salía publicado un artículo en la célebre revista con imágenes muy detallistas y bellas que había hecho del arboreto de Punta del Este.

Con todo este proyecto del arboreto Lussich Tali Kimelman ganó un Fondo concursable y a fin de año se podrá conocer su obra en el Museo Zorrilla. Una exposición que se lucirá en dos dimensiones: la belleza secreta del bosque en imágenes acompañada del diseño auditivo a cargo de Marco Colasso. La idea es traer el bosque a la ciudad con sus formas y su universo sonoro.

 



Con muchas de las hojas que fue juntando en el arboreto Lussich armó un librito. Cada hoja en un fondo beige muestra la sencillez y la delicadeza de algunos elementos botánicos. Muchos de estos libritos fueron muy bien recibidos por amigos artistas que los intervienen con dibujos o poemas.



 

Malena Rodríguez Guglielmone

 

 

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