Mauro Martella, fotógrafo de Narrativa Nativa

Hubo dos novelas que atraparon a Mauro Martella de adolescente: El robo del cero Wharton de Carlos Rehermann y Torquator de Henry Trujillo. El universo de estos autores uruguayos se intercalaba con su propio entorno: en ese momento –años 80– Martella vivía en Trinidad, una ciudad con pocas librerías y poco para hacer. Su madre, que era maestra, le contagió el amor por la literatura y el hábito de visitar la biblioteca. Desde entonces los escritores adquirieron talla de héroes para él, sin imaginar que años después publicaría un libro con retratos de los más emblemáticos referentes contemporáneos de Uruguay: Narrativa Nativa, editado por Estuario Editora a comienzos de este año, un trabajo conjunto con el escritor Agustín Acevedo Kanopa y la periodista Lucía Germano.

Tampoco imaginaba participar en un proyecto colectivo. Acostumbrado a trabajar solo, como fotógrafo, fue en uno de sus trabajos individuales donde conoció a los coautores de ese proyecto. La oportunidad se dio en el Festival Internacional de Literatura Buenos Aires 2012 (FILBA), en su versión montevideana. Debía hacer retratos de distintos escritores que leerían en variados ambientes de la casa del artista Alfredo Ghierra, tan en boga entonces por su campaña Ghierra Intendente. Entre los escritores a retratar estaba Agustín Acevedo Kanopa. La foto debía hacerse en un baño. El autor se mojó la cabeza y se puso una toalla sobre los hombros, creando un efecto visual interesante que asemejaba a un boxeador. La imagen disparó una idea: qué bueno sería hacer retratos de escritores en diálogo con sus universos creativos. El entusiasmo llevó a compartir la intención con Lucía Germano, que también estaba trabajando en el FILBA en la parte de coordinación.

Así surgió un trabajo conjunto que llevó más de tres años y que desembocó en un libro de cuidado diseño, elaborados textos críticos y lograda fotografía donde se retrata a 38 escritores uruguayos, cada uno de ellos protagonizando su propia película. El proceso de trabajo consistió en ir leyendo a los autores, tirar ideas de escenas y luego conversarlo con ellos. Se fueron definiendo locaciones, vestuarios, maquillajes, situaciones a retratar y en algunos casos la contratación de extras. Buscaron objetos que pudieran sumar y lo que parecía la producción de un libro de fotos se convirtió casi en un rodaje de cine.

Los amados autores de Martella dicen presente en esta selección, por supuesto. Tenemos entonces a Henry Trujillo sosteniendo una linterna en un entorno algo decadente, de líneas oscuras, que nos habla de los climas de sus novelas policiales. La locación elegida fue la antigua fábrica de jabones Bao, un sitio con puntos en común con la planta de elaboración de pescado donde el autor trabajó durante un tiempo y que seguramente le sirvió de inspiración para muchas de sus historias. Carlos Rehermann, por su parte, aparece en diagonal y haciendo un juego óptico en un retrato que tiene un evidente trabajo de postproducción. Su figura se inserta en una imagen del puerto visto al revés, patas para arriba, tal vez en un afán de reordenamiento de algún tipo.

Sin duda que las imágenes se entienden más cuando conocemos el universo creativo de los escritores. Pero de no ser así, es una preciosa oportunidad de conocer a valiosos exponentes de nuestras letras, verles el rostro y vislumbrar algo de su estética narrativa.

Hay imágenes poderosas como la de Daniel Mella y su pecho abierto. Mella ha escrito varios libros, pero tal vez el mejor y más jugado sea El hermano mayor, una novela autobiográfica que narra la muerte de su hermano en una playa de Rocha. Al idear el retrato de este autor se quería generar el efecto de alguien que se expone mucho con su trabajo. En un principio la propuesta era colgar su retrato en un lugar visible de la Ciudad Vieja, que la foto estuviera muy a la vista y que tuviera la camisa abierta. Finalmente, la foto se pegó a un contenedor de basura que luego se quemó. El fuego hizo que se despegara una parte del pecho, quedando abierto de una forma muy descarnada. Como su propia literatura.

El preconcepto que tenemos de los escritores es que son personas más bien retraídas que se esconden detrás de sus textos, que usan precisamente ese formato menos estridente que otras artes, para desplegar su expresión. Los actores y los músicos, por ejemplo, están más acostumbrados a la escena, al contacto con el público, a estar enfocados por un lente. De hecho, al hacer la preproducción y buscar retratos de los autores en las redes descubrieron que había muy poco material. Pues bien, para sorpresa de todos, estos escritores disfrutaron en grande ese espacio de creación y pusieron el cuerpo para completar la imagen de sus universos. Acevedo Kanopa y Germano hicieron un trabajo interesante a la hora de dirigirlos y armar la escena.

Leo Masliah se sumó al juego de aparecer repetido en diferentes poses, jugando a ser escritor y a ser músico. Las fotos fueron tomadas en la Sala Zitarrosa y se buscó recrear un poco la cultura del cómic de los años 70 y 80. Con Rodolfo Santullo, autor de novelas policiales, apuntaron a armar una estética de Filme Noire: calle empedrada, noche de lluvia, una escena portuaria detrás, y el detective y la víctima en primera plana iluminados con focos de autos. Como estas escenas, muchas otras. Un registro variado y rico de los escritores y el clima de sus historias.

Aparte de los retratos y las reseñas literarias, hay al final del libro una sección con fotos de backstage donde aparecen los autores de Narrativa Nativa con pequeñas anécdotas surgidas en el proceso creativo.

Para Martella, lo mejor fue contactar con ellos, disfrutó la parte lúdica del proyecto y el hecho de conocer a muchos escritores que no sabía que existían. Con este libro el trío ganó el Fondo Concursable para la Cultura del MEC en la categoría “Fotografía” en 2015 y la primera presentación se dio este año en la Feria del Libro de Buenos Aires. Hasta mediados de julio las fotografías se exhibieron en Casa Arbus, en Canelones y Blanes. Posteriormente, el conjunto de retratos parte como muestra itinerante por el interior del país.

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