Una pareja de aventureros recorre el mundo en su auto

“Imagine conducir a través de cinco continentes, moviéndose sobre terrenos exigentes en un Mercedes-Benz de 1957. En 2014, luego de unos tres años de preparación, los pioneros de los motores Fred y Elisabeth de Nueva Zelanda, se embarcaron en una aventura de conducción que romperá todos los récords. Se aventuraron a unas 90.000 millas de Nueva Zelanda, con el propósito de recorrer las Américas, Europa y Rusia, así como también India, Malasia y Australia, antes de retornar a su hogar en 2019. La intrépida pareja deja a su amada familia, exponiéndose a posibles problemas con el auto, robos y asaltos, mientras viaja en un auto clásico de más de 55 años. Se enfrenta también a las inclemencias del clima y a las desafiantes condiciones de conducción y estará cinco años pasando las noches en un tráiler-carpa liviano, todo ello por amor a la aventura”.

Con un español un poco a los tropezones se presentan en su página de Facebook Fred y Elisabeth Smit, una pareja de retirados holandeses que ha vivido gran parte de su vida en Nueva Zelanda. La aventura que ya cumplió cuatro años empezó cuando Fred se fue entusiasmando al restaurar el viejo Ponton familiar, el Mercedes-Benz 220 S que muchos asociamos con los antiguos taxis. Muchas noches y fines de semana a lo largo de tres años fueron fundamentales para poner a punto este vehículo que ya había sido protagonista de otros viajes. El espíritu aventurero de Elisabeth y Fred había sido estimulado previamente en extensas excursiones juntos, recorriendo África y Australia. Por ese entonces eran tiempos limitados para viajar pues Fred trabajaba como ingeniero de manutención de navíos cargueros y Elisabeth asistía como nurse a niños discapacitados, y en el último tiempo, a enfermos terminales. Al retirarse de sus actividades, la pareja se vio con todo el tiempo del mundo para realizar sus sueños. Se instaló la promesa del viaje, el dejarse llevar por el azar y las aventuras que surgen en ese paréntesis de tiempo. Paréntesis que ellos ya están convirtiendo en un tiempo permanente.

Para Fred acondicionar el auto fue laborioso pero sencillo. Para alguien que conoce todos los sistemas necesarios para el buen funcionamiento de un navío, el auto es una máquina extremadamente simple. Luego de una puesta a punto eléctrica y mecánica, de pintarlo y renovar los neumáticos, el auto fue bautizado como “Abel” y embarcado rumbo a Los Ángeles. El primer día de agosto de 2014 la pareja partió de Wellington a reencontrarse con Abel y viajar por el mundo.

Lo primero que hicieron fue una travesía de un año por la costa oeste que incluyó la renovación de sus votos matrimoniales en Las Vegas. Posteriormente, condujeron hasta Canadá y volvieron por la costa para llegar a México y luego seguir su rumbo por Sudamérica. En medio de esas vivencias fueron encontrando el tiempo para compartirlas en redes. Armaron su página de Facebook donde van registrando las experiencias on the road, que tienen que ver con los lugares que visitan y principalmente con la gente que van conociendo.

Un auto de esas características enseguida llama la atención, genera acercamiento, conversaciones e invitaciones a comidas y momentos gratos. Los convocan a encuentros en clubes de autos clásicos, rotarys, escuelas. En cualquier lugar donde paran, el auto es un imán. Ya sea en un shopping, una estación de servicio, en la calle, la gente se les acerca, los invita a tomar café, les hacen preguntas, se sacan fotos con la estrella.

Pero vivir a bordo de un auto es todo un desafío. Al principio se hospedaban en hoteles. Luego comenzaron a usar una carpa especial, durmiendo en campings, con un tráiler. Fueron aprendiendo a viajar con poco equipaje, con lo mínimo necesario.

El legendario Ponton. ¿Y cómo es este auto que los ha acompañado durante tanto tiempo? Se trata de un modelo que fue lanzado en setiembre de 1953 y que fue el primer auto de pasajeros Mercedes-Benz en incorporar una estructura de carrocería de tipo pontón. Es un diseño que se había originado en Estados Unidos, con sus alas completamente integradas y rectangulares outline, con un interior espacioso y muy versátil. Fue la primera serie de sedanes Mercedes-Benz fabricados tras acabar la Segunda Guerra Mundial. Comenzaron a salir de Stuttgart en julio de 1953 para sustituir los W136 diseñados antes de la guerra, y con un total de 20 versiones se mantuvieron como íconos de la marca hasta 1962, cuando cesó la producción.

Este modelo ha marcado un hito en la historia de Mercedes-Benz. El W120 ha sido un predecesor de la Clase E, pero también dejó su marca en el diseño técnico y estilístico de la nueva clase de lujo (series de modelos 180/105/128, de 1954). Por primera vez se ofrecía un auto completamente nuevo con carrocería y bastidor integrados. La moderna carrocería se distinguía por sus líneas redondeadas, con guardabarros totalmente integrados, y tanto los estribos como los faros independientes habían desaparecido, por lo que se reducía la resistencia aerodinámica y el ruido producido por el viento. Solo la parrilla del radiador conservaba los rasgos clásicos de la marca.

Poseía un interior más espacioso y mayor visibilidad y estaba equipado con el mismo motor de 4 cilindros que su predecesor, un M 136 que desarrollaba 52 hp. Uno de los aspectos que contribuyó a convertirlo en leyenda, más allá de su larga vida y su economía, fue el nuevo sistema de ensamblado que representó el cambio de la fabricación manual de motores a una producción más en serie.

La vigencia de este auto puede comprobarse con historias como las de Elizabeth y Fred. Aparte de moverse por el mundo con esta reliquia de más de medio siglo, el poseerlo hace que cosechen amistades y admiración en todos los lugares que visitan.

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