Sombreros femeninos, uno de los “33 Extras” en el Museo Mercedes-Benz

 ¿Qué tienen en común los espejos retrovisores, los limpiaparabrisas y los emblemas de radiador? Son tres elementos entre los “33 Extras”, la muestra permanente del Museo Mercedes-Benz de Stuttgart que pone el foco en detalles fascinantes de la historia de la movilidad y de la cultura del automóvil. Pero hay algo más: la historia de estas tres exhibiciones ha estado inspirada en mujeres como también lo está la sección “Sombreros femeninos”, otro de los “33 Extras”.

El hecho de que las mujeres se asumieran conductoras a comienzos del siglo XX fue un paso importante en la historia de la emancipación. En este camino aportó mucho la figura de Bertha Benz, quien estaba fuertemente involucrada en la construccion de la gran invención de su marido, Karl Benz. Desde el primer día ella manejó el Patent Motor Car y en el verano europeo de 1888 completó el primer recorrido de larga distancia a bordo de un vehículo a motor. Manejando aquel triciclo se tenía que proteger del viento y el frío. Dibujos de la época la muestran con un sombrero de ala ancha que era sostenido en su lugar por un chal.

A medida que se fueron incrementando las velocidades máximas alcanzadas por el automóvil, las protecciones de cabeza con extensiones fueron alcanzando sus límites: la estela inflaba ese tipo de prendas, que de repente elegían su propio camino. Pero las mujeres sabían cómo afrontarlo, mantenerse elegantes y, al mismo tiempo, definir nuevos estilos: a partir de las décadas de los años 20 y 30, los sombreros más ajustados, conocidos como sombreros cloche se volvieron accesorios obligados. Esos sombreros, combinados con un corte de pelo garçon o corto a lo sumo, les permitió a las mujeres modernas definir una impronta en la que se sentían seguras de sí mismas. Esta historia de los sombreros femeninos se cuenta en la serie de exhibiciones “33 Extras” en el Museo Mercedes-Benz.

¿Y quién era el proveedor de este accesorio práctico y, a la vez, fashion para la cabeza, con esa apariencia tan perfecta? Existía por entonces una profesión específica para fabricar sombreros femeninos: la sombrerera o el sombrerero. En Alemania se la conocía como Putzmacherin. No era cuestión de ir a una tienda y comprar directamente un sombrero; se requería el consejo de un profesional a toda regla en el diseño y los detalles, y luego usualmente el sombrero era hecho a medida.

Con el tiempo, los autos se fueron produciendo cada vez en mayor número con carrocerías cerradas, con lo cual los sombreros fueron perdiendo su funcionalidad. Hoy en día se usan rara vez en la vida diaria. Hay ocasiones, sin embargo, cuando tanto los hombres como las mujeres gustan de presentarse con accesorios para la cabeza adecuados. Por ejemplo, en los concursos de elegancia de autos clásicos. Toda una ocasión para rememorar viejos tiempos y rendir homenaje al origen de tan bellos autos.

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