Margo Baridón

La impresión que le deja un viaje. El armado de un collage con fotos tomadas por ella misma. La idea de una colección. El uso de la computadora para diseñar. Un maniquí y un proyector para imaginar una prenda. Una clásica tijera. Con esos elementos esboza sus creaciones Margo Baridón.

 

El sueño de crear en el ámbito de la moda proviene de su infancia. Su abuela materna le enseñó a cortar y coser. De niña quería que su Barbie tuviera su mismo vestido; con los dobladillos de su ropa hacían los atuendos para la muñeca. Su madre estaba suscripta a una revista estadounidense que llegaba por correo y, para Margo, era la oportunidad de asomarse al mundo de la moda.

 

Aparte de gustarle ese universo, siempre le atrajeron los números, con lo cual la decisión de formarse en moda y gerencia en la Universidad ORT fue más que coherente. Sus aspiraciones comenzaron a concretarse al finalizar los estudios. Para terminar la carrera de Gerencia en Administración tenía que presentar un plan de negocios. Con una compañera crearon FashionBox, un emprendimiento de venta digital de bijou. La idea era nuclear marcas de diseño independientes y venderlas online. En ese momento no había casi comercio electrónico en Uruguay. Los profesores les sugirieron que probaran de hacer algo y así fue que arrancaron al mismo tiempo que escribían el plan de negocio. La familia de su socia estaba muy ligada al tema accesorios. Desarrollaron una línea y fueron generando un público que les compraba. El hecho de participar en el naciente Moweek, cuando solo había siete marcas, le dio impulso a la propuesta.

Con FashionBox el aprendizaje fue intenso. Fue lo que la animó a emprender. Con su socia estuvieron incubadas en Ingenio y ganaron el premio Emprendedores en la mira 2012. “Eso me dio la plataforma, las ganas para desarrollar la marca propia”, explica Margo. “Al principio empecé a crear ropa tímidamente, porque estudiaba y tenía otro trabajo. Hacía producciones en serie chiquitas, nada se repetía, como un proyecto personal más que una empresa”.

Cuando debió presentar su colección de graduación en la licenciatura en moda tenía un cierto camino recorrido. Esa primera colección estuvo basada en la naturaleza y tuvo el acierto de ser vista por un profesor argentino y la experta en moda uruguaya Rosario San Juan. La buena impresión que causó generó una invitación a desfilarla en Moweek. Paralelamente, las clientas de Fashionbox empezaron a pedirle ropa.

En 2014 la empresa que tenían armada con su socia mutó. La socia se tuvo que ocupar de su empresa familiar y Margo hizo la reconversión a indumentaria. Pero sentía que había que encontrar un diferencial. Y eso lo encontró en Londres y Copenhague. Varios veranos nórdicos los dedicó a hacer cursos enfocados en el desarrollo textil: estampado digital, tratado digital de las telas, accesorio experimental, modelaje experimental. Cada vez que volvía a Uruguay, volcaba esos conocimientos e ideas frescas en sus colecciones. “Me atrajo lo digital porque era la manera de tener un punto de vista distinto en un mercado donde todas las marcas tienen las mismas telas. Era lo que me permitía diferenciarme”, explica.

Afuera se dio cuenta también de que la formación en Uruguay es muy buena pero que es muy necesario salir para inspirarse y lograr contactos.

Una de sus colecciones está inspirada en los paisajes nórdicos y los glaciares. Por

 

medio de fotos y collages de paisajes arma diseños en la computadora y luego estampa en los rollos de tela. A

partir de fotos, proyecta el estampado en el maniquí blanco, y así se va pasando al lienzo para luego ser

estampado. También hace la estampa a partir de recortes en la moldería. Escanea moldes a tamaño real e imprime las figuras en los paños, juega con distintos colores. Trabaja calados láser, superpone géneros, diversos juegos que logra gracias a la tecnología. Se vale de máquinas uruguayas cuyos servicios contrata. Lo más importante, dice, es investigar cómo plasmar en tela la inspiración.

Por otra parte, es cuidadosa la elección de las telas. Los paños que utiliza son saldos de Paylana, el resto lo trae de China o Italia, dependiendo de la composición. Para lo digital trabaja con un proveedor estadounidense e importa la tela.

Otra de sus colecciones estuvo inspirada en el paisaje urbano de Copenhague, con sus geométricos edificios. Se aprecia en uno de los percheros una pollera plisada hecha en género orgánico estadounidense que muestra la silueta de los edificios en una paleta baja y vibrante a la vez de verdes, ocres y dorados.

Hoy día Margo Baridón vende en Casa Banem, una multimarca en Carrasco, y también en Tienda, con Mutma y Pastiche. En verano sus diseños forman parte de los percheros de Magma. El 60% de sus clientas son argentinas, ya sea porque le compran en Punta del Este o en los locales de Montevideo.

Margo cuenta que la actriz argentina Calu Rivero usó una de sus prendas en París, en una fiesta de Stella McCartney y que la foto salió en Vogue. Es una de las vías por las que productos como el de ella van ganando aceptación. Las redes sociales han jugado un papel decisivo en su éxito. Instagram es lo que más le ha ayudado a difundir sus colecciones. Cuenta que le escribió una estilista neoyorquina para pedirle dos tapados para los integrantes de una banda de la serie Girls, de HBO. La foto saldría en Harper’s Bazaar, le aseguraron. Margo mandó las prendas sin rechistar.

Recientemente su colección de invierno se mostró en el Museo de Arte Decorativo de Buenos Aires, en un evento denominado Six O’ Clock Tea. “En Argentina están buscando vestirse original, distinto. Hay planes de ir para allápero todavía no lo sé bien”, comenta.

Margo trabaja con dos personas y con talleres externos. También con una fotógrafa.

No cose pues debe ocuparse de otros rubros: plantearse la idea de la colección, las telas, la venta, la estrategia de marketing. Cada día valora el hecho de haber estudiado administración pues le dio una base teórica importante.

¿Cuál es su fuente de inspiración? Depende de la colección. Puede ser ir a una muestra de arte. Tal vez investiga sobre el artista, lo conecta con una tendencia. En general diseña con las tendencias de una temporada adelantada. “En esta colección, por ejemplo, me paro a ver las tendencias de 2019 para el verano, entonces a partir de ahí lo mezclo con mi experiencia personal. Por ejemplo, fui a ver Fuerza Bruta y saqué tremendos videos, me están inspirando mucho para esta colección. Eso lo conecto con un artista. Busco rubros de inspiración alrededor de las artes. Aprendí un método de diseño en el exterior y es que para diferenciarte tenés que hacer una investigación que te va a dar hasta la foto del producto final”.

Otro tema que también cuida esta diseñadora es el de la trazabilidad. La forma en que está hecho el producto, la sustentabilidad. “En moda hay muchas formas de caer en producciones complicadas, para mí es importante mantener las relaciones con los talleres, con las personas y también con el medio ambiente. Toda la ropa que hago está hecha en Uruguay, en forma sustentable”.

El próximo desafío es entrar a nuevos mercados, internacionalizar la marca. “Acá vendo a un nicho que es minúsculo y veo lo apreciado que es mi producto afuera.

La realidad es que hay que buscar partners locales que entiendan la marca, les interese el concepto y se pongan la camiseta de la marca. Hay varios modelos de internacionalización. Pero la idea es seguir produciendo acá”.

Entre los planes a futuro está el lanzamiento del e-commerce de la marca para el último trimestre del año y la realización de una línea de trajes de baño y bikinis de lycra italiana hecha con plásticos extraídos del océano altamente reciclable.

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