Pureza, organicidad y el desafío de emprender

En una antigua galería sobre la calle San José, luego de subir unas generosas escaleras de estilo, se llega al showroom y estudio de Menini Nicola.

Por un lado se ven los muebles de líneas simples, depuradas, que recuerdan el estilo años 50, así como algunos productos de otros diseñadores. En el ala más cerrada del local reina una gran mesa, pizarrones, prototipos y varias computadoras. Quien llega a Menini Nicola es porque lo busca, porque se lo recomendaron o porque lo vio en las redes sociales.

La firma integrada por Agustín Menini y Carlo Nicola estuvo presente hace unas semanas en una feria de Londres, en la que participó junto a cinco empresas uruguayas. Por primera vez Uruguay XXI exhibió un stand con productos de diseñadores uruguayos. Una muestra más del momento de crecimiento que vive el sector, que este año contó con varias exposiciones en Montevideo como Casa de Arte y Diseño en el ex Club del Banco Comercial, Expo Hogar en el Prado y Casa Decó en Kibón.

Menini Nicola arribó a la capital británica con seguridad y aplomo tras varios años de templarse como empresarios y diseñadores. Un camino lleno de aprendizajes que comenzó en 2002 cuando, recién egresados, tuvieron sus primeros trabajos. Antes de formar su empresa se desempeñaron como diseñadores en firmas de software, en agencias de publicidad, de medios alternativos o estudios de diseño gráfico. Si bien fueron ganando experiencia, no era el mundo que les gustaba. Se juntaban todos los jueves de noche, pizza y vino de por medio, a diseñar sobre unas láminas que llevaban los sábados de mañana a un carpintero amigo a ver qué podían materializar.

En la carrera de diseño habían encarado un proyecto con maderas reforestadas nacionales. Junto a otro compañero terminaron trabajando con un grupo de carpinterías de la ciudad de Cardona. Era plena crisis y los carpinteros se juntaban para buscar alternativas. Desarrollaron una línea de muebles que entendieron era lo que aportaba más valor a la madera reforestada nacional. En ese momento la forestación recién se estaba desarrollando y entendieron que el mueble aportaba alrededor de un 400% de valor a la madera.

Así, diseñaron una línea que denominaron 1903, en honor a los 100 años de la ciudad de Cardona que se cumplían ese año. Analizaban la capacidad productiva de esos carpinteros y diseñaban con base en eso. Era una línea muy sencilla que incorporaba detalles en algarrobo negro que provenía de montes indígenas, de árboles caídos. Si bien se logró una línea delicada, comercialmente fue una experiencia pésima. Eran estudiantes y no sabían manejar bien el área comercial. Con la salida de la crisis el grupo de carpinteros se dispersó y con ellos se diluyó el trabajo con la línea de muebles.

En el año 2004 decidieron presentarse a un concurso bienal, Salão Design Movelsul, en Beto Goncalvez, un pueblo mueblero del sur de Brasil. De hecho, la localidad mueblera más grande del país, con 300 fábricas de muebles. Se presentaron y clasificaron pero diversas complicaciones impidieron que pudieran ir. En 2006 volvieron a presentarse, pero por problemas de aduana el jurado no llegó a ver sus productos. Más allá del fracaso de la contienda, fue una gran experiencia pues se entusiasmaron, vieron que se trataba de un ecosistema donde todo funcionaba. Por un lado estaban las fábricas, por otro las tiendas que compraban y el producto que allí se exponía. En 2008 se presentaron nuevamente, llevaron personalmente los muebles y los dos productos recibieron mención del jurado.

Es en ese momento que deciden abrir el estudio: Menini Nicola. Muy rápidamente entendieron que no se trataba solamente de diseñar bien. Debían formarse como empresarios. En 2009 encararon un curso de emprendedurismo en Fundasol. Luego se presentaron a la incubadora de empresas de Ingenio. Tuvieron dos años de incubación remota, dos años de gran aprendizaje. Y así fueron llegando a su modelo de negocios, el que están manejando al día de hoy a pesar de los cambios y los desafíos que van surgiendo. Un modelo de negocios que está dividido en tres áreas. Por un lado, la venta de productos en Uruguay, que se aprecia en la web, productos que se pueden ver y tocar en el showroom. En segundo lugar, desarrollan proyectos que pueden estar vinculados a muebles o no, como las guitarras loog, encargadas por Rafael Atijas. O el sujeta diarios que idearon para La Diaria, o el equipamiento del café Allegro del Teatro Solís, el del Mercado Agrícola de Montevideo (MAM), o la sala nueva del Museo Zorrilla. Se trata de una consultoría en equipamiento, que puede incluir productos del estudio o no.

La última pata es la venta de licencias hacia el exterior. En ese sentido trabajan intensamente con Brasil. Venden un proyecto o ceden los derechos de fabricación de cierto mueble. Quienes les compran venden en Brasil o exportan. El viejo modelo de los royalties que funciona hace tiempo en este rubro. 

Al consultarlos sobre el estilo al que han llegado expresan que la simplicidad de sus muebles deriva de una intención de pureza estética de liberar de ornamento. Si bien reconocen estar condicionados por el medio, por la tecnología que se impone y por ciertos estilos de mediados de siglo pasado que imperan en muchos ambientes montevideanos, han buscado encontrar su identidad. Se han preocupado que la madera fuera clara y no teñida, que los procesos industriales asociados a la producción estuvieran a la vista. Eso derivó en un estilo que entienden se podría definir como orgánico, pues implica aceptar el medio en el que se está inmerso y diseñar con eso, lo que conlleva a manejar ciertos materiales, procesos y aspectos culturales. Sus productos, afirman, son una conclusión de lo que está pasando hoy en Uruguay.

Artículos Relacionados