Con el fotógrafo Brian Ojeda

 

Su nombre empezó a sonar como el alma máter detrás del arte de Rotunda. Su búsqueda artística, sin embargo, va mucho más allá de la moda.

 

Brian Ojeda es oriundo de Puerto San Martín, una localidad ubicada a dos horas al norte de Rosario, Argentina. El hijo de una pareja en segundas nupcias creció en un entorno que nada tenía que ver con el mundo del arte: una rotisería familiar en la que ayudaba de adolescente y un pueblo inserto en una zona industrial y de plantaciones de soja. Pero un regalo, a los quince años, marcó su vida: una cámara de fotos. Ya desde antes dibujaba y le gustaba inventar mundos, armar espacios para jugar, decorarlos. Ya entonces dibujar era un juego y una forma de investigar.

 Un día Brian sintió la urgencia de irse, de conocer otra cosa. Así fue como armó la valija y se instaló en Rosario donde estudió diseño y trabajó en un restaurante. “Siempre sentí que mi casa y la comunidad que me rodeaba eran tremendamente limitantes”, comenta sentado en el living de su casa en la Ciudad Vieja, sobre la calle Piedras. “Tal vez porque era muy mimado y no sabía lo que era conseguir las cosas por mí mismo. Yo pensaba: ‘de acá a diez años voy a ser el director artístico de tremenda revista de moda en Europa’. Cuando me mudé a Rosario me di cuenta de que no es así, de que las cosas no llegan de la nada y que hay que trabajar. Me puse a pensar a quién le podía seducir lo que yo hacía y no lo encontré en Rosario. Trabajé solamente de ayudante de cocina y el desarrollo artístico no tuvo mucho lugar”.

El amor lo llevó a radicarse en Uruguay. Y fue aquí donde tuvo sus primeros trabajos vinculados a la fotografía. Ayudó a la diseñadora Adela Casacuberta y a través de ella conoció a Lorelley Tourielle, la creadora de la marca de lencería Srta. Peel. Tourielle le encargó el arte de sus colecciones. Haciendo fotos, leyendo manuales, mirando muchísimos tutoriales en YouTube: así fue aprendiendo. Trabajó también en una empresa de marketing digital haciendo diseño gráfico. Hasta que empezó a hacer fotos en Rotunda. “Como Montevideo es tan chico es fácil destacarse cuando hacés cosas buenas”, comenta. “Estoy híper agradecido con Rotunda porque no hay mayor regalo que la libertad creativa. Uno tiene que ser coherente con el cliente, con lo que te piden, pero nunca me dijeron ‘tenés que ir por acá o esto no’. Siempre apoyaron mis propuestas”.

Con Rotunda logró una estabilidad económica que le permitió volver a jugar como cuando era niño. Así empezaron a surgir trabajos autorales que expresan sus necesidades. Desde hace cuatro años Brian tiene una musa, Carmela Pérez, más conocida como Zigana. En un entorno de mucha complicidad, de amistad, Brian se deja llevar por el impulso creativo. “Carmela me inspira y me ayuda a trabajar de otra manera. Como me siento cautivado por la experiencia estética toda, me interesan muchas personas y rostros, pero valoro la familiaridad que me genera laburar con ella. Con Carmela se da un clima, algo tácito. Al conocernos no es necesario pedirle mucho. Ella me re entiende y yo la entiendo y es perfecto. Ella siente mucho compromiso con las ideas que le planteo, entonces es siempre un placer”.

¿Cómo son los procesos creativos de Brian? La creación surge muchas veces por casualidad. Por ejemplo, Diego, un amigo que vive cerca de su casa, estaba estudiando nudos y a Brian le dieron ganas de retratarlos. Con la modelo empezaron a probar: una máscara del nudo, un vestido… Hicieron un scouting de diseñadores y consiguieron algunas prendas. Carmela posó. Estuvo sentada 30 segundos con la cámara posturando todo el tiempo y Brian la iba pintando con haces de luz, con linterna. La cámara registraba en forma lenta y él se iba moviendo en el espacio con la linterna, con los colores que quería probar, ahondando en la teoría del color. “Fotografía en griego significa pintar con luz”, comenta. “Hacemos abundantes fotos de estas… Y el proceso creativo tiene que ver con traer cosas que me están rondando. Me pasa mucho cuando me traslado, cuando voy caminando por la calle o cuando tomo el colectivo y voy escuchando música. Se ve que se activa un mecanismo que me hace tomar notas mentales. Capaz que tiene que ver con los estímulos. Si estoy quieto acá no pienso tanto, pero si me traslado se me van ocurriendo cosas. Miro, por ejemplo, la forma en que rebota la luz en un charco con nafta. Ahí tomo notas. Después, cuando hay un disparador que une todas esas notas que vengo haciendo, viene la necesidad y llamo a Carmela. He trabajado con muchas personas, pero mi parte más artística la he hecho con Carmela”.

Aparte de la búsqueda que ha venido haciendo con esta singular modelo, tiene otra vertiente de trabajo personal que son los autorretratos. El único hombre que ha retratado ha sido a sí mismo. “¡Es para una charla con una psicóloga!”, dice, y se ríe. “Me queda cómodo tomarme como modelo, sobre todo en un plano simbólico. Al hablar de mí mismo, de mi realidad, de mis miedos, de mis fantasías, al ponerme yo mismo en la foto, es la mejor forma de sintetizar que son cosas que me pasan a mí. Hay un juego con el ego también, con la mirada en el espejo, con el sentirme aprobado por mí mismo. Recién ahora lo estoy haciendo más consciente”.

Últimamente ha estado trabajando con un personaje inventado a quién llama el uomo nero. Alude a esa criatura legendaria, un ser amorfo y oscuro, presente en la tradición de varios países. En Italia le llaman así, en Uruguay sería el viejo de la bolsa. Para Brian, el uomo nero tiene que ver con la ansiedad que lo habita de vez en cuando. Una sensación que lo hace sufrir, lo paraliza y asusta pero de algún modo también termina siendo el motor para crear. La ansiedad como impulso creativo.

“A veces la ansiedad me atrapa en mi cuarto y me hace sentir tan mal… Es como un individuo que me viene a buscar. La ansiedad me desarma, me deja desnudo, y no tengo de dónde agarrarme. Me encanta, entonces, personificarla. La identifico, dejo que me habite y la registro. Trato de entender cómo me descompone y cómo trato de remendarme y de darme orden de alguna forma”.

En muchas de esas fotos hay fresias, símbolo de la inocencia, de un estado de vulnerabilidad. “Estados hermosos aunque insoportables”, describe. Como que la abrumadora ansiedad llega también con ese aliciente: “Me voy a apoderar de vos pero también te traigo esta sensibilidad a ver qué te pasa con ella”.

Su rutina creadora tiene casi siempre los mismos rasgos: agarra la cámara, dispone el entorno de las fotos, toma su cervecita y dispara. Luego las trabaja en la computadora, en ocasiones compone usando pedazos de su propio cuerpo. Superpone fotos, maneja la saturación, los contrastes, interviene con algunas líneas, busca generar climas o emociones con la luz y el color. Se atreve al terreno plástico. Se inspira mucho en el artista expresionista Ernst Ludwig Kirchner.

Así, Brian se nutre de las dos vertientes de su trabajo: el que tiene que ver con la moda y este más personal. La moda le ha dado la libertad económica necesaria para tener ese espacio creativo. Porque no es fácil trabajar en moda en Uruguay, dice. “La posibilidad de expresión artística es muy chiquita. No hay un mercado de moda que publique cosas como las que hago con Carmela y me las pague. No hay revistas de moda, no hay editoriales. Es todo muy tradicional. Hay referentes internacionales que son una demencia, revistas como Vogue Italia… Todo lo que ha hecho Franca Sozzani desde hace veinte años para atrás. Allí hay una necesidad en algunos sectores de la comunicación de moda de proponer otras formas de entender el cuerpo, de molestar, y eso me parece muy interesante, es lo más roquero. Pero en Montevideo hay una necesidad de ser políticamente correcto. De generar en el espectador una sensación agradable pensando en la posible venta. El público está muy subestimado, está entrenado para consumir cosas que puede encontrar en el shopping. La necesidad artística está muy violentamente censurada. Por eso yo agradezco tener una cierta libertad económica que me permite un espacio de creación. Esto lo hago porque lo necesito, porque recuerdo ese instante que vi la luz rebotando en un charco y creando un naranja sobre la pared, y yo necesito aplicarlo. Y necesito volcar mis incertidumbres muy personales y autorreferenciales. A mí me encanta la moda, y sueño con poder encarar esto en un plano comercial también”.

 

Malena Rodríguez Guglielmone

 

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