Veníamos encandilados por el sol de la mañana sobre las nubes, cuando el capitán anunció que comenzaría el descenso. El avión se hundió en la espesa e infinita capa, las ventanillas quedaron completamente blancas por unos minutos. El cambio fue abrupto. Era como si hubiéramos pasado a otra dimensión, de luz tenue, suave, tamizada. Ese cambio físico anticiparía lo que luego sucedería en una intensa experiencia sensorial. El avión de LATAM aterrizó en el Aeropuerto Internacional Julio Chávez de la ciudad de Lima, donde todo el invierno se vive bajo ese manto de nubes que no deja ver el sol. Este era un dato no menor para lo que nos esperaba por delante: cuatro días de muchas fotos en un recorrido por la gastronomía limeña. Hace tiempo que la cocina peruana está de moda. Orgullosos de la infinidad de productos que su tierra les provee y de los sabores que han logrado a partir de ellos, los peruanos han desarrollado una de las gastronomías más complejas y exuberantes del mundo. Una manera de abordarla puede ser siguiendo algunos conceptos, como los platos criollos, la fusión con la cocina oriental o la mediterránea, o según los ecosistemas de las diferentes regiones (selva, sierra y costa), entre otros. Muchos aseguran que los paisajes más atractivos de Lima son sus platos de comida, pues la gastronomía suele ser mencionada entre las principales expresiones culturales de este país.

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El taller de Águeda Di Cancro ocupa todo el interior de una vieja casa en la calle Minas. Apenas atravesar la puerta uno se topa con varias esculturas, entre ellas un Cristo grande y minimalista hecho con un simiente antiguo y una cabeza de vidrio. A la izquierda, a través de una puerta, se entreven varios ambientes habitados por grandes instalaciones. El patio interior también está ocupado: ondean copas de árboles transparentes, protagonistas hace años en la Bienal de Venecia. Un poco más allá del patio, en otra habitación, se amontonan catálogos antiguos, una mesa con pequeñas esculturas y afiches pegados en las paredes. Águeda nos recibe un poco agitada porque está con varios proyectos entre manos. Viste jeans, ropa de abrigo y un pañuelo en la cabeza. Lleva los ojos delineados y su rostro, cuidado, contrasta con sus manos que son como ángeles de batalla: ágiles, poderosas, habituadas a manejar materiales, a hacer fuerza, a crear. Su voz es ronca e intimista, sesea suavemente y muy de a poco va contando sobre su vida de artista.

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Robot Sophia

¿Cuándo es que comenzó la era de los robots? Aunque parezca mentira empezó hace décadas. Sucede que ellos no estaban a la vista; más bien funcionaban separados de los seres humanos, ejecutando tareas aburridas, sucias y peligrosas, mayormente en entornos industriales. Con el tiempo, fueron ocupando más y más posiciones, en ámbitos insospechados, muchas veces bien camuflados. Hoy estamos cada vez más rodeados: drones que nos sobrevuelan, robots domésticos que colaboran en el día a día, autos que se desplazan sin chofer, voces femeninas en el celular que cumplen nuestras órdenes. La gran novedad, y por momentos chocante, son los robots humanoides, hechos a imagen y semejanza de nosotros, los mortales. A tal punto llega su grado de desarrollo, que nos leen el lenguaje corporal y pueden mantener una conversación.

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La pulpería Casa Blanca, en Paysandú

 A 15 minutos de Paysandú y a pocos metros del Río Uruguay se encuentra La pulpería Casa Blanca, un restaurante pintoresco y fuera de serie que encarna el espíritu de un histórico lugar y sus peculiares habitantes.

La pulpería es el corazón de Casa Blanca, un pueblito que hoy tiene unos 400 habitantes, nacido a comienzos del siglo XIX. Pueblo privado en su origen, donde vivían los que trabajaban en el primer saladero instalado en el Río Uruguay en 1806, también una de las primeras plantas procesadoras de carne Continúa leyendo

Florencia Flanagan

Fotos: Nacho Seimanas y Darío Invernizzi

 Una lluvia fina caía con intermitencia sobre el Espacio de Arte Contemporáneo. En el patio norte de la excárcel de Miguelete el gran fuego ardía pese al aire mojado. Sucedió una tardecita de jueves del último febrero. Hombres y mujeres de distintas edades se acercaban con grandes papeles y telas rotas, con pedazos de algo, y se lo ofrecían a la hoguera. El aire olía a tierra húmeda; el silencio se cortaba con las luces crepitantes de lo que se estaba quemando y la vibración de un mantra repetido a viva voz. Cada ser sumergido en su trance, desarmando un esquema, incinerando el recuerdo de una experiencia, transformando una circunstancia, trashumando la propia piel. Un núcleo humano actuando en sintonía con un propósito, arrastrado por la energía de la destrucción en un acto consciente, de ritual, poderoso y purificador, cuidadoso a pesar de su tino devastador. El momento culmine de una obra que se había empezado a configurar unos diez años atrás en la mente de Florencia Flanagan. Le llevó unos seis meses realizar la idea. Siete días el arduo trabajo de instalarla en una de las salas del Espacio. Y, entonces, en menos de una hora, toda esa construcción se vio arrancada de su soporte y llevada al fuego para terminar convertida en cenizas.

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Nueva GLE

En 1997 Mercedes-Benz creó el segmento de los SUV premium con el lanzamiento de la primera M-Class. Desde aquel entonces, más de dos millones de clientes la han elegido. Hoy en día la marca está presente con siete modelos en el segmento de los SUV, un pilar fundamental en el crecimiento de Mercedes-Benz.

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Crucero Belmond Pivoine

Se trata de una de las joyas de la flota de cruceros Belmond. Lanzado en 2018, el Pivoine es uno de los mejores barcos europeos de río con una ruta que va desde La Ferte-Sous-Jouarre a Châlons-en-Champagne. De un tamaño perfecto para contratar en grupo, puesto que hospeda a ocho pasajeros, ofrece una escapada ideal que combina el mejor mimo con mucha aventura.

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C 111 Alas de gaviota

Cuando Mercedes-Benz introdujo el C 111-II en el Motor Show de Ginebra en marzo de 1970, se estaba ante material de ensueño: un diseño corporal que quitaba el aliento, materiales innovadores y tecnología pionera, sin mencionar una performance de alto nivel. El motor transmitía su poder con una potencia de 350 CV y la posibilidad de acelerar de 0 a 100 km por hora en 4, 8 segundos y alcanzar 300 km por hora. En esta versión del auto deportivo, pintado de un color naranja conocido como “WeissHerbst” (otoño blanco), los ingenieros lograron un modelo increíble con sus distintivas alas de gaviota.

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 Parador La Huella en José Ignacio

En un parador de playa de madera y techo de paja funciona el mejor restaurante de Uruguay. Algunos creen que su éxito se debe en gran parte al lugar hermoso que ocupa en medio de un entorno dominado por el mar. Pero no solo de paisajes vive un restaurante. Su gastronomía basada en los fuegos, característica de la cocina uruguaya, es su principal acierto. Y la apuesta por lo simple. En esta cocina aseguran que no inventaron nada, cuidan lo mejor que les da el mar y la tierra.

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Gauchos del mar 

Todo empezó como un proyecto de surf de dos hermanos veinteañeros. En el año 2010 los argentinos Julián y Joaquín Azulay partieron de California en camioneta hacia Argentina con el propósito de surfear e ir acampando por la costa del Pacífico. La aventura duró 403 días: atravesaron 13 países y recorrieron más de 30.000 kilómetros, lo que les dejó más ganas de seguir viajando y registrando vivencias. Con la excusa de buscar olas se embarcaron en esta odisea que, más allá de la inolvidable experiencia del surf, les mostró que tenían una parte dormida relacionada a temas sociales, culturales y ambientales.

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