Garrettt McNamara

Su nombre ya era conocido en el mundo del surf pero fue a partir de la ola gigante que corrió el año pasado en el pueblo pesquero de Nazaré que Garrett McNamara se convirtió en una leyenda viva. Tras la hazaña en las costas de Portugal, Mercedes-Benz se asoció con el surfista hawaiano para producir tablas de surf, una serie llamada MBoard, en la que se juega con las siglas de la marca.

El descubrimiento de la descomunal ola de 30 metros —tan alta como un edificio de varios pisos— sucedió hace un lustro en este pueblito portugués que es un paraíso para los surfistas. La ola más grande del mundo, la que nunca antes había sido barrenada por nadie, se le metió a Garrett McNamara entre ceja y ceja. El hawaiano con fama de no temerle a nada, ganador de los más importantes torneos del mundo, se preparó con foco e intensidad para poder hacer frente a tan poderosa expresión de la naturaleza.

 

 

Un hombre con vasta experiencia en desafiar la fuerza del mar y buscar las mejores olas en todo el mundo. Nacido hace 47 años en Massachusetts, pasó gran parte de su juventud en California donde era muy conocido junto con su hermano Liam por enfrentar el peligro en las playas. A los once años se mudó a Hawai y comenzó a surfear en Sunset Waimea; en poco tiempo ya integraba las prestigiosas series de Hawaian Triple Crown y era apoyado por las más importantes marcas japonesas. Así estuvo diez años viajando por el mundo con su hermano, compitiendo en los mejores torneos y aprendiendo a hablar fluidamente el japonés.

Evidentemente no se trata de un surfista común; sus hazañas tienen una impronta pintoresca. En 2007, junto a su compañero Keali´i Mamala visitaron los glaciares de Alaska en busca de grandes olas lo que dio como resultado una película documental donde se muestra la experiencia.

Sucede que McNamara es de los que buscan esas olas que pueden ser corridas solamente con la asistencia de un motor, ya sea un jet ski o un helicóptero. A esto comúnmente se le conoce como Tow-in surfing, un invento de los años 90, por medio del cual los surfistas, con asistencia artificial, consiguen agarrar olas más grandes y en forma más rápida que si lo hicieran solamente con sus brazos y la tabla. El método por el cual la tabla de surf va atada a un jet ski o a un helicóptero ha resultado muy efectivo en olas muy grandes o en caso en que la posición de las mismas es extremadamente crítica. Se trata de un sistema novedoso y fascinante que, sin embargo, ha recibido muchas críticas de los ambientalistas.

Detrás de una de esas olas monumentales estaba Garrett McNamara; la buscó por todo el mundo hasta que la encontró en Nazaré. Pero para abordar tamaño desafío había que prepararse. Durante dos años estudió los vientos y el oleaje, abocándose cual científico o meteorólogo para poder internalizar el movimiento del mar. Por supuesto también una preparación física para hacer frente al golpe de esa enorme masa de agua y la posibilidad de permanecer hundido sin poder respirar durante varios minutos.

McNamara recreó la peripecia de su propio récord en un diario inglés: “Era muy temprano en la mañana cuando estábamos listos. Sentí que estaba dirigiendo a una orquesta: había un equipo de seguridad y una ambulancia en la playa, y en el agua, tres conductores de jet-ski. Rezamos una plegaria, enfocamos nuestras mentes y oxigenamos nuestro cuerpo al máximo mientras flotábamos en el agua. Mi esposa estaba cerca, en un acantilado con un walkie-talkie para decirnos cuando venían las olas correctas. Ese tipo de olas explotan tan ruidosamente que la tierra sobre la costa tiembla. Rompen desde todas las direcciones; cuando uno las surfea es como estar sentado en un auto con una avalancha viniendo detrás de ti. Normalmente surfeo con mi corazón y me divierto, pero allí estás surfeando con tu cabeza, persiguiendo la ola, viendo dónde va a romper.”

Con su mujer, una profesora de ciencias estadounidense, se casaron allí mismo, en una capilla sobre los acantilados de Nazaré, con vistas a la famosa Praia do Norte. Un faro del siglo XVI albergó la celebración a la cual se iba llegando por funicular desde la villa. Todo un movimiento en este pueblo que acoge con los brazos abiertos al hawaiano que lo dio a conocer en el mundo.

Ahora McNamara tiene un nuevo juguete en sus manos para correr las olas de Nazaré: las cuatro tablas construidas por Mercedes-Benz y por él mismo en el centro de diseño de la compañía, en Sindelfingen. La marca de la estrella estuvo a cargo del diseño y McNamara de la forma y el peso de las tablas. El gran desafío fue identificar el material ideal y la perfecta distribución del peso. Todo el proyecto que lleva el nombre de MBoard representa un ejemplo ilustrativo del lema de Mercedes-Benz: lo mejor o nada.

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