Pelota_Ambrotipo_20x25

Por Luis Sosa de Análoga Estudio.

Entender las razones que llevan a registrar el mundo a través de imágenes, genera la necesidad de descubrir y explorar a nivel plástico y estético múltiples experiencias. En la fotografía, desde sus inicios y hasta nuestros días, los conocimientos técnicos y la experimentación forman parte fundamental de estas vivencias. En los últimos años ha habido un resurgimiento a nivel global de la fotografía analógica, mayoritariamente en película fotográfica, más que nada por que es visto como un diferencial a la sobresaturación de imágenes digitales que se ven a diario.

Por supuesto que ese diferencial, por solo el hecho de hacer fotografías, con cual o tal cámara o proceso, no garantiza de ninguna manera que se obtengan imágenes de calidad respecto a las que se obtienen por cualquiera de los múltiples procesos disponibles, incluidos los digitales.

 

Ida Vitale y Luis Sosa.

 

Practicar la fotografía analógica hoy implica, a mi modo de ver, un aprendizaje serio, dado que son procesos costosos en su mayoría, que requieren materiales, en su gran mayoría traídos del exterior, y se necesita práctica para lograr los resultados esperados. Hay, además, una revalorización de la imagen obtenida por métodos y procesos tradicionales a nivel de las galerías de arte, de coleccionistas y de personas conocedoras de la calidad intrínseca que implican ciertos procesos fotográficos. Entienden el valor de una copia única e irreproducible, tanto por el tiempo como por la calidad de los materiales que se invierten en la obtención de cada imagen.

Ida Vitale, Gran Formato 8×10

Basado en esto, creamos en 2018 junto a dos amigos –Darío Invernizzi y Juan Solanas– ANÁLOGA ESTUDIO, un espacio para la realización de nuestros proyectos personales y dedicado además a la investigación, el desarrollo y la difusión de los procesos históricos en fotografía. Un lugar amplio con iluminación de estudio natural, con equipos fotográficos de múltiples formatos, con dos laboratorios, uno convencional y otro dedicado a los procesos, además de una nutrida biblioteca especializada. Así es como he podido enfocarme más en mi trabajo de autor. Mi obra personal no se basa en proyectos fotográficos sobre temas específicos, es una suerte de colección de imágenes que se van acumulando a lo largo del tiempo. Tiene la particularidad de los distintos formatos con los que trabajo y el tipo de papel en que son copiados. Utilizo varias cámaras de formato medio en función del tipo de imágenes que pretenda realizar. Cada una tiene su particularidad, sus defectos y virtudes, no existe una cámara ideal. Cada fotografía tiene un formato, un soporte, un determinado lente y sobre todo una luz que le es afín. No se obtiene lo mismo si fotografiamos con un celular, con una cámara réflex, con una cámara de película de formato cuadrado o con una cámara de gran formato, en una placa de vidrio.

Jonas Hagen – Ferrotipo 20 x 25

 

Por la dinámica de trabajo que implica, con las cámaras analógicas y los procesos históricos, a contramano de lo digital, se debe planificar con cierta antelación antes de apretar el disparador, se debe mirar más y, por lo tanto, se fotografía menos.

Esta premisa de mirar más se hace particularmente relevante en el área del retrato.  Ser retratista no es tarea fácil pues abarca mucho más que la resolución técnica o la relación con el sujeto a fotografiar; plantea un desafío enorme de cómo resolver estas imágenes. Parte de mi trabajo personal está enfocado a esta área, vengo practicando retratos con todo tipo de formatos fotográficos. Hace varios años empecé a realizarlos en gran formato, con una cámara Deardorff norteamericana de los años 50, que puede trabajar indistintamente con placas de película fotográfica, además de vidrio o metal en un tamaño de 20 x 25 cm.

Sea Horse Crab – Platino Paladio, negativo digital.

Este tipo de cámaras tiene un montón de limitantes: son grandes y pesadas, los lentes que utilizan no permiten grandes velocidades, son oscuros, y para utilizarlas se requiere, además de práctica y conocimiento, mucha paciencia. Es un formato lento, que no permite sacar demasiadas imágenes, usualmente no realizo más de cinco o seis imágenes si trabajo con película fotográfica y hago de dos a tres imágenes si trabajo con placas de vidrio o metal, con colodión húmedo.

Sergio Camporeale – Gran Formato 8 x 10

Por otro lado, esta aparente austeridad de recursos inherentes al formato permite realizar imágenes con una impronta completamente diferente a las que vemos comúnmente. Mas allá de generar un negativo enorme que podría ampliarse a tamaños gigantescos, podemos, mediante movimientos de cámara, generar enfoques selectivos, corregir perspectivas, en definitiva, hacer prácticamente lo que queramos. Pero además de lo técnico, nos permite un acercamiento completamente distinto con el sujeto a fotografiar, pues se genera un vínculo totalmente diferente a si fotografiamos con otro tipo de cámara, ya que el modelo es consciente en todo momento que va ser retratado y debe colaborar de cierta manera con las indicaciones. El fotógrafo no se esconde detrás de la cámara, en este caso, está al costado de la misma, lo cual genera otro tipo de interacción hacia el retratado.

 

Rimac – Mamiya 711 6 x 7

En lo personal, me interesa trabajar la imagen directamente en relación al tamaño que se genera desde la propia cámara. En cuanto a los soportes en gran formato, trabajo con tres tipos de soportes o emulsiones sensibles, con colodión húmedo para realizar ambrotipos y ferrotipos, daguerrotipos y película fotográfica. Este último fue el utilizado para ilustrar las tapas de esta revista durante el año pasado, una serie de retratos muy particulares, para una apuesta editorial que permitió poner en valor y dar a conocer en nuestro medio las características de estos procesos que cada día se revalorizan más.

Daguerrotipo
El daguerrotipo fue el primer proceso fotográfico de aplicación práctica, presentado en la Academia de Ciencias de París el 19 de agosto de 1839. Era un perfeccionamiento de los experimentos realizados por Nicéphore Niépce, a quien Louis Jacques Mandé Daguerre se unió en diciembre de 1829. Es un proceso por el cual se obtiene una imagen positiva a partir de una placa de cobre recubierta de plata, que una vez pulida a espejo, se sensibiliza con vapores de iodo y bromo. Tras ser expuesta a la luz, la imagen latente se revela con vapores de mercurio, que dan como resultado una imagen amalgamada de finos detalles. Es una superficie muy delicada que debe protegerse con un cristal y sellarse para evitar entrar en contacto con el aire. En sus inicios el proceso no era excesivamente sensible a la luz, y el tiempo de exposición podía llegar a ser de hasta 30 minutos. Pero tras los considerables avances logrados en Europa y Estados Unidos, los tiempos de exposición se redujeron, y a comienzos de la década de 1840 la mayor parte de las capitales y grandes ciudades tenían por lo menos un estudio de retratos basado en el daguerrotipo, con fotógrafos ambulantes que recorrían las ciudades más pequeñas. Fue presentado en nuestro país en febrero de 1840.

Last Circus – RolleiFlex 6 x 6

Colodión húmedo

Este proceso fue el segundo en importancia después del daguerrotipo. Creado en 1850 por Frederick Scott Archer y Gustave Le Gray, fue el primer proceso
fotográfico que utilizó masivamente el vidrio como soporte para una imagen.

El nombre deviene del uso del colodión, una sustancia compuesta por algodón pólvora derivado de la nitrocelulosa, que se diluye en ácidos y solventes, resultando así en un líquido que sirve como soporte para alojar sales de iodo y bromo que, al entrar en contacto con un baño de nitrato de plata, genera una emulsión sensible a la luz de iodo. Por lo tanto, el colodión actúa como el soporte donde dicha reacción química se lleva a cabo. Se denomina colodión húmedo por que la placa debe permanecer húmeda en todo el proceso de preparación, toma y revelado. Por este motivo todo el procedimiento sucede en un corto período de tiempo, siendo condicionantes para el resultado de imagen las distintas fórmulas utilizadas, la humedad y la temperatura del ambiente. Esta característica obliga, por lo tanto, a tener que preparar y revelar la placa en el mismo lugar donde se realizará la imagen. Con la técnica del colodión húmedo podemos realizar además de negativos, imágenes positivas únicas e irreproducibles sobre vidrio y metal denominadas ambrotipos y ferrotipos.

*Luis Eduardo Sosa es licenciado en Artes Plásticas (UdelaR), realizó diversos estudios de fotografía en Uruguay y el exterior. Desarrolla actividad profesional en el área audiovisual de forma independiente en realizaciones culturales y publicitarias. Paralelamente a esta actividad, desde el año 2009 retorna al formato analógico para el desarrollo de proyectos personales, dedicándose específicamente al trabajo en medio y gran formato.

www.luisesosa.com

www.analogaestudio.com

Artículos Relacionados