Martín Azambuja

En general, las casas que habitan los diseñadores gráficos suelen ser armoniosas, con un manejo cuidado del color en la decoración, mucha línea geométrica y detalles simpáticos y ocurrentes que delatan su profesión. El antiguo apartamento de Martín Azambuja no es la excepción. La entrevista tiene lugar en su estudio, una habitación iluminada por el sol de la mañana que entra a pleno por la ventana orientación Este. Diversos objetos bien ordenados, libretitas, revistas, libros y pósteres, rodean el escritorio donde reina la computadora, la gran usina de donde salen las ideas trabajadas para Uruguay y el mundo.

 

A sus 29 años, Martín tiene una rutina agitada y motivante. Egresado de la Licenciatura de Diseño de la Universidad ORT, comparte con un amigo el estudio de diseño Mundial y trabaja freelance para diversas publicaciones del exterior como Vogue, Monocle, Men’s Health y Wire, entre otras. Recientemente diseñó dos tapas de la revista más icónica vinculada al mundo del diseño: la publicación alemana Novum. Su caso no es aislado: forma parte de una corriente de jóvenes que están trabajando para el exterior gracias a la visibilidad de su trabajo en las redes y un talento indiscutible que hace que los contraten.

Martín nació en Montevideo, tiene tatuado un número dos en la parte interna del brazo derecho, mismo número que se ve en un póster en su estudio y que también se grabó su novia en la piel. El gusto por el diseño se fue afianzando a medida que estudiaba e iba conociendo el mundo de la publicidad –trabajó en Complot cuando estaba en 2.º, con 19 años, y posteriormente en estudio Salterain. Fue tomando contacto con Internet y descubriendo la movida que hay a nivel de diseño. Entendió que en la red la nacionalidad no corre. Lo que importa es el talento y las buenas ideas y estar allí da la posibilidad de ser contratado.

Una de sus fuentes de inspiración es el diseño de otras épocas, más específicamente la ilustración que se dio en los años 60. En ese entonces el diseño gráfico era fundamental para comunicar. Se hacían carteles culturales, tapas de libros. Era el medio que había para difundir lo que fuera. En su estudio se ven anuarios gráficos de esos años donde se recopilan afiches, packaging y folletos de época. Pero eso es parte del pasado. Hoy día las redes lo son todo, y Martín lo entendió rápidamente. Trabajó a conciencia su Instagram (tiene casi 60.000 seguidores) y subió trabajos a sitios internacionales especializados en diseño como Behance y Dribble. Normalmente, en Europa y Estados Unidos, cuando alguien necesita un diseñador, va a esos sitios y tiene un abanico enorme para elegir lo que más le gusta. Los editores de revistas también van a buscar ilustradores para sus tapas y notas.

Economía de líneas. Cuando terminó los estudios, Martín concurrió durante un buen tiempo al taller de Álvaro Amengual. Allí hacía retratos, se concentró en una práctica más académica, que no tenía nada que ver con el diseño, pero que sin duda le dio armas de composición. Siempre le gustó reducir el diseño a las líneas más básicas y usar los colores con los que se siente más a gusto. Le quedó marcado un ejercicio de dibujo en el que se buscaba reducir todo a las mínimas líneas. Un día, se puso a trabajar sobre la figura de un ciervo apuntando a esto mismo: reducir su representación a lo más esencial. Logró un ciervo geométrico y lo subió a Behance. El mero ejercicio llamó la atención de un estadounidense, dueño de tres cafés en Nueva York, quien le encargó el diseño de etiquetas para unos jugos que estaba lanzando. De esos dibujos logró trabajar tres años y tuvo otros encargos del mismo empresario y también de la esposa para un proyecto de comida de granja para la gente de Nueva York.

La experiencia con el empresario de los cafés le dio la dimensión de que se pueden hacer cosas muy interesantes con el exterior. “Mucha gente de afuera piensa que el trabajo de los uruguayos es más barato, o al menos contactan con esa idea en mente”, dice Martín. “El tema es que cuando se trabaja en Internet, no hay nacionalidad, los precios son los mismos en cualquier país”. El contacto laboral es muy directo, se hace vía correo electrónico. El diseñador recibe las indicaciones, manda la ilustración y luego cobra. Redondito.

 

A medida que se fue relacionando afuera, Martín entendió también la necesidad de contar con un agente internacional. Hoy día tiene uno en Londres, que es quien le consigue los trabajos. Coordina reuniones con agencias de publicidad y llega a muy buenos números, mucho más de lo que conseguiría él como freelance desde Uruguay. Afortunadamente, hay gran demanda de trabajo. Lo que más le cuesta a Martín es disponer de tiempo para responder a lo que le piden. Tendría que dedicarse a tiempo completo porque los plazos de entrega son muy cortos.

En este momento está diseñando las tapas de comunicación de la Oxford University de Londres, un encargo que le llegó a través de su agente en Londres que tiene clientes de Europa y América del Norte. La gente de la universidad le manda por escrito lo que quieren comunicar en cada manual que ya tiene un color predeterminado. Él interpreta y dibuja, a veces le dan alguna idea, pero tiene la libertad de hacer lo que le parezca.

Mundial. En el taller de dibujo de Amengual Martín conoció a otro ilustrador de gran talento, Fran Cunha. Se hicieron amigos y juntos pusieron Mundial, un estudio ubicado en el Barrio Sur donde trabajaban mucho con diseño ilustrado. Hace cinco años que tienen este estudio y en breve se estarán mudando a la galería retro del Centro donde también tiene su local la firma Menini Nicola.

Se involucran mucho en los proyectos, acompañan los distintos procesos. Piensan en el nombre, el logro, los materiales a usar, cómo hacer el Instagram. Se van adaptando a los medios y van viendo qué quieren comunicar cuidando la imagen de todo. La idea es que el cliente sea parte del proceso, poder compartir, hacer reuniones, y generar espacio para el intercambio de ideas.

En su nuevo estudio tienen previsto un espacio pequeño para exhibir sus productos de diseño y vender. Es que el campo de trabajo en el que están es muy diverso. Además, hoy día para empezar cualquier proyecto se necesita un diseñador gráfico.

Martín combina el trabajo en Mundial que es muy humano y variado, muy local, con las ilustraciones que hace para publicaciones del exterior. Su idea es que Mundial pueda absorber cada vez más proyectos del exterior.

En el plano artístico, aparte de ahondar en una vertiente de ilustraciones más personales, por puro placer, para experimentar el arte, está aprendiendo cerámica en un taller de la Ciudad Vieja. Está fascinado con el tema del modelado, del control de la materia, del fuego y los pigmentos: la transformación alquímica que sucede en esos procesos. Y sin querer allí también está diseñando. El único momento en que no piensa en diseño es cuando juega al fútbol.

 

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