La pulpería Casa Blanca, en Paysandú

 A 15 minutos de Paysandú y a pocos metros del Río Uruguay se encuentra La pulpería Casa Blanca, un restaurante pintoresco y fuera de serie que encarna el espíritu de un histórico lugar y sus peculiares habitantes.

La pulpería es el corazón de Casa Blanca, un pueblito que hoy tiene unos 400 habitantes, nacido a comienzos del siglo XIX. Pueblo privado en su origen, donde vivían los que trabajaban en el primer saladero instalado en el Río Uruguay en 1806, también una de las primeras plantas procesadoras de carne de América del Sur. De esa época persiste la fisonomía de algunas casas; un poco más adelante en el tiempo se construirían una gran casa con vista al río –la Casa de los Cuatro Vientos–, la capilla Santa Ana –contemporánea de la Basílica Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo, de la ciudad de Paysandú, famosa por su órgano, realizada por el maestro de obras suizo Francisco–, y la pulpería, que es donde se le pagaba al personal en aquellas primeras épocas.

En 1978 todo el complejo fue comprado por el alemán-argentino Eugenio Schneider, un hombre con mucho mundo que vivió muchos años con su familia en los bosques de Chiloé. Con el tiempo se instaló en esta margen del río para dedicarse de lleno al trabajo con el frigorífico Fricasa que instaló en el viejo saladero. Estudiante de filosofía y alumno de Jorge Luis Borges, Schneider es, aparte de empresario, un intelectual con un par de libros de poesía y ensayo publicados, que guarda en su amplia biblioteca de la Casa de los Cuatro Vientos. En La pulpería ha puesto todo su buen gusto y cultura para construir un espacio muy cuidado en aras de disfrutar la buena mesa y el encuentro. Materiales nobles y cálidos, un gran vitral y hermosa cava que se disfruta bajo nuestros pies tras un grueso vidrio, muebles de estilo –las sillas son réplicas de las de la Fragata Libertad, velero-escuela argentino– e instrumentos antiguos son parte de este universo distinguido y casi onírico que vale la pena conocer. Mucha piedra y madera acogen al visitante en esta casa antigua con fachada rosa viejo. Si uno llega en la tardecita, puede apreciar las últimas luces disipándose sobre el río. Dentro, la música clásica y la luz tenue. Las mesas bien tendidas, a la espera. Observamos la carta. Tan tentadora como cambiante, nos cuentan. Porque el menú va mutando según lo que vaya dando la producción propia. Prácticamente todos los ingredientes de los platos surgen del trabajo productivo de este lugar. Aparte de la excelente carne del frigorífico (que abastece a decenas de carnicerías además de al restaurante), los platos se elaboran con frutas y verduras cultivadas allí. Los distintos platos se presentan con nombres por demás exóticos y se acompañan de la mejor carta de vinos. El vino de la casa es muy recomendable: un corte especial y exclusivo seleccionado por el anfitrión. Los postres también son una sutileza y no hay que dejar de probar la tabla de quesos al mejor estilo suizo o francés.

La mayoría de las personas que trabajan en el restaurante son de la zona y han sido entrenadas en un sofisticado hotel de Montevideo. Poseen la huerta y el invernáculo, y también una planta para cultivar hongos con una tecnología de última generación. A su vez, crían conejos y tienen dos hornos de pan.

Se puede ir a disfrutar de la propuesta gastronómica exclusivamente o aprovechar alguno de los conciertos barrocos que se organizan frecuentemente con la participación de destacados músicos extranjeros. Un secreto muy bien guardado, sin duda, y de entrada gratuita. Pues parte de lo que se impulsa en Casa Blanca es la promoción de la cultura. Y para ello se organizan conciertos, talleres de diverso tipo y distintos estímulos culturales con el fin de elevar la mira de la población local.

 

4724 2627 099 723 607
[email protected]
www.fricasa.com.uy

 

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