“De chica era la que cambiaba todo en casa y rearmaba los ambientes. Un día compré pintura y pinté mi cuarto; todo lo quería hacer yo. Con los elementos que tenía trataba de que los espacios se vieran más lindos. Pero tenía que hacer la carrera profesional tradicional. Probé con medicina, nutrición, veterinaria. Mientras estudiaba, empecé a hacer un curso de diseño de interiores, de noche, y me encantó. Ahí le dije a mi mamá: ‘quiero dedicarme a esto’. Me anoté en la ORT y terminé la carrera.Pero era una época complicada para trabajar.

Busqué pasantías y opciones en el exterior. Siempre me gustó mucho viajar entonces busqué la manera de abrir mis horizontes. Conseguí una pasantía en Miami, en un estudio buenísimo que en ese momento estaba ranqueado como el tercero mejor de Estados Unidos. Entré en un departamento que era de yachts y residencias; estaba en Fort Lauderdale donde hay astilleros muy grandes.

Era muy divertido porque diseñábamos las ambientaciones de los barcos que eran gigantes. Todo era novedoso para mí y a mí me encantaba. En ese momento me propusieron quedarme a trabajar. Pero ya había pasado un año y vino lo del 11 de setiembre, era una situación media caótica, estaba todo muy feo, yo extrañaba a mi familia y decidí volver. Ahí puse un local comercial con una socia, Decó and vintage. Hacíamos muebles, comprábamos cosas en anticuarios y en remates y las restaurábamos y las vendíamos. Así empezaron a surgir nuestros primeros clientes (en realidad mi primer cliente fue antes de irme a la pasantía en Miami; me presenté a un concurso de publicidad, lo gané e hice la casa para Lucky Strike en Punta del Este; todo un desafío). Luego con el local aparecieron clientes que nos pedían algo más integral y empecé a dedicarme más a los proyectos. Después de cinco años me separé de mi socia y puse este estudio.

Al principio me ponía muy nerviosa con los clientes; trataba de convencerlos. Ahora se da natural, la gente confía realmente en lo que hacés y no te está condicionando. Es como mejor salen las cosas. Cuando te empiezan a limitar empezás a encontrar obstáculos en la parte creativa y no salen resultados buenos. Sucedes que cada cliente es un nuevo mundo, es un abanico de cosas diferentes porque cada persona es diferente: la manera de vivir en la casa, si tienen hijos o no, qué edades tienen los hijos. Hay gente a la cual le gustan los colores, a otros las cosas neutras. Yo tengo una impronta de mezclar muchos estilos y trato de adaptarme a cada persona. Tengo casas muy tradicionales con muebles de estilo y alfombras persas, y otras más bien modernas, frescas, para personas con hijos jóvenes. Lo lindo de esto es poder variar. Son varias reuniones en las que vas escuchando lo que quieren. A esta altura en el estudio somos casi psicólogas. En una entrevista ya me doy cuenta qué les gusta, cómo viven, vas a su casa y te enterás más. A veces hasta miro los vestidores, veo la paleta de colores de la ropa que usan. Y te encariñás con la gente; hay proyectos que son muy largos, que pueden durar 6 o 7 meses, una casa completa por ejemplo, y cuando llega el momento de separarte extrañás. Lo ideal cuando van a construir una casa es que nos llamen al mismo tiempo que al arquitecto así vamos trabajando en conjunto para ir afinando detalles, tanto del estilo como de la arquitectura para que congenien. Es más difícil decorar una casa cuando ya está pronta; trabajar con los arquitectos es productivo sobre todo en la parte eléctrica y de las luminarias. A veces un arquitecto hace su layout —tantas dicroicas, tantos enchufes— pero no sabe qué es lo que va a ir ahí. Si trabajamos juntos le puedo decir: ‘este va a ser el equipamiento, necesito enchufes acá, luz alta aquí, luz baja allá, acá vamos a focalizar este nicho…’. Cuando la casa ya está hecha es diferente. A veces hay que adaptarse a los muebles que tienen y quieren conservar. Trato de mantener el valor sentimental de las cosas de la gente, le buscamos la vuelta, quizás reciclándolo o pintándolo. Se negocia mucho todo y siempre hay clientes más complicados que otros. Lo más difícil es decorar oficinas porque normalmente hay muchos socios para decidir, normalmente tienen que ser ambientes muy sobrios, hay muchas idas y venidas, muchas normas… En una casa es más fácil. Igualmente para mí cuanto más desafío más me divierte.

Para la inspiración lo más importante es salir al mundo y ver cosas. Me fijo mucho en lo que sucede en Europa —Londres, París, Roma— y Nueva York. Un lugar que a mí me sorprendió mucho es Hong Kong, es una mezcla de Londres con la perfección de los chinos. Hay una especie de Soho con vistas increíbles… Y yo soy de la teoría que está todo inventado. Lo que hacés es fusionar cosas. Se te puede ocurrir el delirio más grande y buscás en Google y está. El tema es cómo combinar las cosas y que cada casa sea única, con elementos diferentes. No sé si se aprende a combinar. Creo que sale solo.

En una casa lo más importante es la caja contenedora, la calidad del edificio. Podés gastarte una fortuna en un sillón brutal pero si las puertas son malísimas y la pintura de la pared también, se vuelve muy difícil. Cuando la base es buena, ponés una linda alfombra, una buena iluminación, le hacés un buen tratamiento a la madera… Me gustan las cosas viejas pero sin abusar de lo vintage. No soy de llenar de cositas. Mi estilo es ecléctico y trato de hacerlo atemporal lo cual es bastante difícil porque hay tendencias muy marcadas. Ahora está todo el mundo con Pinterest y la gente te pide cosas. Cuando empecé a trabajar la tendencia era la madera de wengué, esa casi negra, todo minimalista, el estilo medio zen, muy oriental. Ahora es al revés, la madera reventada, rústica, hasta con grietas. La idea es hacer un intermedio porque las tendencias se van modificando. Una tendencia que ya medio fue es el shabby chic, las maderas pintadas de blanco, pátina, un poco como es Casa Chic en Colonia, muchas florcitas, colores pastel. Ahora la tendencia es la madera lavada, las líneas puras, sin mucha vuelta, más tipo la casa Paul en La Barra. En esas cosas es importantísima la calidad. Me baso siempre en las texturas naturales y eso implica que sean colores naturales. El lino es color lino, y acentúo con algunos colores que destaquen, un almohadón, una pared, una buena obra de arte. No me gustan los acrílicos, se notan. Preferible poner poco y bueno. Me gusta mucho el arte, que haya libros para armar una linda biblioteca mezclada con cosas graciosas. Siempre pongo algún toque de humor para descontracturar.

¿Mi casa? En casa de herrero cuchillo de palo. Vivo en un apartamento recontra clásico, todo lo que pongo trato de que no me aburra. Todo muy atemporal. Cambio todo el tiempo pero siempre cosas muy clásicas. No sé si es porque vivo comprando objetos de tendencia que para lo mío busco cosas muy simples.”

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