La llegada a Valparaíso siempre sorprende: terrazas, escaleras, ascensores y callejones se extienden por los cerros en una arquitectura singular y una explosión de color que da vida a la ciudad conocida como la “Joya del Pacífico”, en un impresionante anfiteatro natural. Marcada por su relieve, la pintoresca ciudad se recorre calle a calle y cerro a cerro, y para ello cuenta con un aliado de peso: sus funiculares.

En Valparaíso, a los funiculares se les llama ascensores, la mayoría de ellos tienen más de 100 años. Traídos de Inglaterra y Alemania muchos conservan su maquinaria original siendo Concepción el más antiguo, inaugurado en 1883 y aún en funcionamiento. Se componen generalmente de dos cabinas, pequeños vagones, de madera o metal, que se mueven en direcciones opuestas. Si bien en la parte baja de los cerros sus estaciones pueden pasar desapercibidas, escondidas entre edificios y callejuelas, en altura suelen estar vinculadas a miradores, plazas y paseos.

 Algunos de los más conocidos son Artillería, El Peral, Concepción, Reina Victoria, Barón y Polanco que, inaugurado en 1916, es el único ascensor como tal (el resto son funiculares) y al que se asciende por un túnel. Quince son los ascensores todavía en actividad. Creados hace más de un siglo funcionan con engranajes prácticamente originales y brindan una espectacular vista de la bahía y del casco urbano. Son además un medio de transporte cotidiano y barato.

Una de las tareas en las que trabaja la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003, es en la rehabilitación de estos ascensores y del casco histórico (barrio portuario) de Valparaíso. De hecho, recientemente se reinauguró el ascenso de El Peral. Este ascensor, que une la Plaza de la Justicia con el Paseo Yugoslavo, es uno de los más antiguos de la ciudad-puerto que se construyó en 1902. En sus 114 años de historia, este medio de transporte ha debido soportar temporales y terremotos que han deteriorado su infraestructura. Por este motivo, en junio de 2015 se hizo necesario cerrarlo al público para iniciar un proyecto de restauración integral. En estas fechas vuelve a deslizarse por la ladera del cerro Alegre. Como la estación superior está a escasos metros del Museo Baburizza, que funciona en el palacio del mismo nombre que este año cumple 100 años, se habilitó una sala cultural que será exclusiva para que artistas de la zona puedan exponer su trabajo. La recuperación del ascensor El Peral se suma a otros nueve ascensores de la ciudad que también están considerados en un proyecto de restauración. Los ascensores conectan a los cerros, transitan por paisajes quebrados con recovecos inusitados.

Y si bien uno no puede perderse la experiencia de callejear por sus pasadizos, descubrir colores, estilos, fachadas, encaramarse a sus cerros y darse de bruces con el océano a cada paso, también existe otro Valparaíso. Una ciudad joven, de universitarios, artistas, marineros y visitantes que hunde sus raíces en la bohemia de la ciudad y disfruta de cada instante de la noche porteña.

Una ciudad que invita a andar en bici aunque se precisa un entrenamiento especial para ello. Lo ideal es recorrerla a pie para observar sus detalles, sus paredes que gritan arte, sus gatos y perros, sus galerías, sus carteles con palabras en inglés, huella de una antigua inmigración británica que aún persiste en los apellidos y los colegios ingleses.

Dos grandes zonas se pueden distinguir en la ciudad: el Plan y los cerros. El Plan está conformado por el trazado original y comprende la zona del puerto, bares y hoteles que nacieron para acoger originariamente a marineros y familias de inmigrantes, las grandes sedes bancarias y decenas de edificios públicos.

Allí se ubica el Congreso Nacional; no olvidemos que Valparaíso es la capital legislativa de Chile. Por su parte, los cerros conforman un entramado de poblaciones que dan forma a un gran espacio residencial en la ciudad. Hay desde casitas de chapas a grandes residencias de los más variados estilos arquitectónicos y tamaños, cementerios, paseos peatonales con imponentes vistas del puerto y del océano, hoteles-boutiques emplazados en casonas antiguas, restaurantes, tiendas o galerías de arte. Cada cerro posee características urbanas y sociales diferentes. Tienen sus propias calles y escaleras de acceso y muchos tuvieron o tienen el ascensor que los une a El Plan. Además cada cerro posee sus propias tiendas y sus agrupaciones comunitarias conformando un verdadero referente de identidad para las personas.

 

Paseos de Valparaíso

Durante el día se puede disfrutar del Museo a Cielo Abierto: un museo al aire libre compuesto por grandes murales de consagrados artistas chilenos, como los de Nemesio Antúnez, Mario Toral o Roberto Matta, a unos metros de la Plaza de la Victoria, en el Cerro Bellavista, mientras se disfruta de la vista. El más conocido es el mural Rabin, del artista Claudio Fraiman, que tiene ocho pisos de altura y fue concebido en honor al asesinado primer ministro israelí Isaac Rabin.

Otros paseos tradicionales con grandes miradores y vistas impresionantes son el paseo Yugoslavo en el Cerro Alegre o el Gervasoni y el Atkinson en el Cerro Concepción. La ciudad está rodeada y conformada por más de cuarenta cerros, siendo los más visitados Bellavista, Concepción, Cordillera, Polanco y Barón. Y ahí es donde radica el encanto de este enclave: las escaleras, empinadas cuestas y sobretodo antiguos ascensores que dan acceso a las distintas alturas.

Una visita ineludible es a La Sebastiana. Es una de las tres casas del poeta chileno y premio Nobel Pablo Neruda y funciona como un museo. Neruda, cansado del ajetreo de Santiago, dio instrucciones muy particulares sobre el tipo de casa que quería en Valparaíso. Parecían casi imposibles de cumplir, pero finalmente dio con esta casa y su particular distribución en múltiples alturas. Neruda solía decir que compró “puras escaleras y terrazas”. Cada ambiente de La Sebastiana está impregnado de la personalidad del poeta, de sus amigos, de sus recuerdos. Se encuentra ubicada en la parte alta del Cerro Bellavista, en la calle Ferrari 692. En los jardines anexos a la casa se encuentra unos de los principales centros culturales de Valparaíso, con exhibiciones permanentes.

AMO, Valparaíso, cuanto encierras,

y cuanto irradias, novia del océano,

hasta más lejos de tu nimbo sordo.

Amo la luz violeta con que acudes

al marinero en la noche del mar,

y entonces eres –rosa de azahares–

luminosa y desnuda, fuego y niebla.

Que nadie venga con un martillo turbio

a golpear lo que amo, a defenderte:

nadie sino mi ser por tus secretos:

nadie sino mi voz por tus abiertas

hileras de rocío, por tus escalones

en donde la maternidad salobre

del mar te besa, nadie sino mis labios

en tu corona fría de sirena,

elevada en el aire de la altura,

oceánico amor, Valparaíso,

reina de todas las costas del mundo,

verdadera central de olas y barcos,

eres en mí como la luna o como

la dirección del aire en la arboleda.

Amo tus criminales callejones,

tu luna de puñal sobre los cerros,

y entre tus plazas la marinería

revistiendo de azul la primavera.

 

Que se entienda, te pido, puerto mío,

que yo tengo derecho

a escribirte lo bueno y lo malvado

y soy como las lámparas amargas

cuando iluminan las botellas rotas.

Pablo Neruda

 

 

 

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