A 20 kilómetros del centro de Montevideo queda La Baguala, una estancia histórica en la que se puede pasar un fin de semana, ir a cenar o almorzar, recibir la invitación para una fiesta de casamiento, poseer una chacra allí o disponer de un lugar donde cuidar los propios caballos.

Todo esto ofrece este emprendimiento que surge en 2008 a iniciativa de la familia argentina Bameule, que compró la vieja estancia de Julio Mailhos. Un lugar realmente excepcional por su extensión tan cerca de la capital –más de 400 hectáreas–, con costa al Río de la Plata, un parque hermoso y una casa amplia, sólida, y con bella vista al agua y a los árboles.

En 1945 la pareja formada por Julio Mailhos y Margarita Pujadas, dueños de la tabacalera Montepaz, construyó esta casa de ladrillos y piedra laja, con mucho vidrio, herrería antigua y madera. La obra estuvo a cargo de los arquitectos De los Campos, Puente y Tournier, quienes le dieron una impronta muy contundente y cálida, con mucha luz, galerías con piedra, pisos dameros y espacios realmente amplios y disfrutables.

En 2008, la familia Bameule acondiciona la vieja estancia con un proyecto de remodelación a cargo del arquitecto Martín Gómez Platero convirtiéndolo en un hotel de campo con restaurante, salón de fiestas y centro ecuestre. Se mantiene, de todas maneras, el espíritu de época de esta casa en forma de ele, con ventanales amplios y mosaicos antiguos traidos de Mallorca.

En el living que recibe a los húespedes un gran cuadro de Castells Capurro preside la estancia, y otros elementos dan cuenta del aire tradicional: la colección de mates y platería criolla en vitrinas, las espadas cruzadas, antiguas armaduras completas, el escudo familiar, un gran piano, un tocadiscos antiguo. Se mantiene en gran parte la luminaria original.

El restaurante con vista al río y las palmeras del parque posee un rincón muy particular: un recinto todo de piedra laja, como una cueva geométrica, con una gran estufa, al lado la gran cocina antigua. En los comienzos, el restaurante funcionó bajo la dirección de Sergio Puglia, ahora quedó un equipo que él mismo armó.

El hotel cuenta con 12 habitaciones amplias con buenas vistas y dos departamentos con dos habitaciones cada uno tipo apart-hotel. Todas con nombres de árboles en homenaje al nutrido parque que circunda la casa.

Una construcción que no formaba parte del chalet principal pero que es original de la época, conserva un cartel que dice “cuartel general” y completa la ele formando una U. Allí hay una extensa bibilioteca de madera, lámparas enormes y antiquísimas, y puertas de hierro de gran presencia. En ese recinto hay también un pool y una mesa de ping-pong.

Se puede recorrer la antigua cava, subterránea, amplia y con mucho hierro en sus instalaciones, y apreciar la gran bacha de época y algunas escrituras en las paredes. Cerca de la cava está el gimnasio, un gran jacuzzi rectangular, sauna frío y caliente, vestuarios, todo ello moderno y muy confortable con una vista verde con el río más allá. El Club House cuenta con una enorme piscina rodeada de un jardín antiguo muy cuidado.

Una amplia escalera de piedra, de unos 10 metros de ancho conduce a la playa, rodeada de laureles de jardín. Hay dos playas, dos pequeñas bahías de arena blanca, muy exóticas en cuanto a la forestación que las rodea, algo poco común en las playas uruguayas.

Se puede andar a caballo, salir en bici, recorrer las mangas de piedra que quedan a metros de la casa. En las cercanías están las chacras privadas y el centro ecuestre. Tanto el hotel de campo como el restaurante abren de viernes a domingo.

 

 

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