Bodega y Granja Narbona

Es bien sabido que varias luces titilan con fuerza en el suroeste costero del país. El auge en Carmelo se está dando en varios niveles: a nivel agropecuario, inmobiliario, pero también turístico con varias bodegas, productores de buenos quesos y aceites, posadas y restaurantes que atienden básicamente a un público argentino de fin de semana. A su vez, son varios los emprendimientos que apuntan a caracterizarse y a vender afuera sus productos promocionando así también la región.

En esa línea se encuentra la Bodega y Granja Narbona, que ofrece una experiencia TaylorMade a cada consumidor que elija visitarla y quedarse por una tarde o un par de días.

En la ruta 21 km 268 se encuentra este emprendimiento que lleva el apellido del legendario argentino, Juan de Narbona, uno de los más importantes constructores del Río de la Plata que llegó cerca de 1740 a Uruguay y construyó la estancia y la capilla Narbona, hoy reliquias Patrimonio Histórico, ubicadas a pocos kilómetros de este lugar.

Al llegar por la ruta, lo primero que se ve es el restaurante con su galería de glicinas y la panadería a un costado. Más al fondo se visualiza el Wine Lodge y un poco más atrás la bodega. Esta última fue hecha a semejanza de la Capilla Narbona, levantada con piedras del lugar, piedras muy particulares que a la vista albergan restos fósiles.

Más cerca en el tiempo fue construida la bodega, hoy día toda una novedad; hasta hace no mucho el vino de Narbona lo elaboraba Bodegas Irurtia. Ahora el proceso de elaboración del vino está a cargo de la enóloga Valeria Chiola, una mujer joven con mucho talento y formación en el exterior.

El edificio donde se prepara y almacena el vino está demarcado por la propia viña, por campo y por la carretera que va a Carmelo. La bodega es una experiencia impactante a la vista. Muy bien pensada, hay que bajar muchos escalones para llegar al frescor profundo donde se albergan los vinos, donde aguardan cómodos sillones de cuero y una ambientación sofisticada que inspira serenidad. Está recién estrenada la cava con sus paredes de botellas, marcos antiguos con fotos de distintos rincones de Narbona, mesas altas, luces con dimer. Una cava que tiene un objetivo más profesional que la antigua cava ubicada en otro edificio.

A metros de la bodega está la posada con sus cinco habitaciones, cada una con un nombre de cepa. Es el viejo casco de una estancia de 1909 que fue arreglada y reformada conservando elementos antiguos como los pisos dameros y las ventanas de hierro. El toque decorativo lo da el dueño y precursor de esta movida, el argentino Pacha Cantón que domina el arte de combinar la huella armónica del paso del tiempo con la naturaleza y algo de lujo. Muy del estilo de Pueblo Garzón, proliferan las macetas de geranios por todos lados en el amplio patio colonial con su galería de sombra de cañas. Hay lámparas de hierro, objetos añejos, un gran bebedero en el medio que da un bienvenido espacio de agua con los viñedos de fondo, un poco más allá. La hiedra cubre techos y columnas, hay paredes enteras cubiertas por el verdor que se mueve suave con la brisa. Escaleras también de hierro conectan con el piso superior, hay una gran pajarera, hornos de pan, estufas a la intemperie.

Los huéspedes pueden disfrutar de la piscina al costado del viñedo, jugar al golf, hacer caminatas entre las vides, pic-nics, andar en bicicleta, a caballo, ir a navegar en canoa por el Río de la Plata. También disfrutar de lo propiamente gourmet: se organizan maridajes de quesos y vinos, se puede ser enólogo por un día en una especie de taller que dura tres horas en el cual se hace un paseo por la parte sensorial trabajando el olfato y el gusto. Se degustan alrededor de ocho vinos y con la ayuda de materiales de laboratorio, cada uno arma su propio vino con su etiqueta.

Las comidas en el restaurante son una delicia aparte. Un viejo almacén de ramos generales fue convertido en un recinto gastronómico con mucho buen gusto. Allí se sirven platos delicados, con excelentes materias primas. Pastas artesanales rellenas, pescado, carnes y postres de campo dan el rumbo a la carta. En el mismo lugar están ordenados para la venta distintos productos como quesos, vinos, aceites, pasta seca, dulce de leche (de textura homogénea y sabor bien casero). Y para acompañar, un vino de excelente calidad, tal vez Tannat, tal vez Pinot Noire, surgido también de esta misma tierra.

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