Árboles, mar y estrellas

Muchas veces la inspiración surge en un viaje, en esos momentos en que se sale de la habitual rutina, se ven otras formas de vida y se la experimenta en carne propia. Fue en una travesía larga por las islas del Pacífico, Nueva Zelanda y Japón, que Leandro Deambrosi y Lucía Scandroglio se apropiaron de una vida más distendida y natural. Viajaban con sus hijas pequeñas por lugares tan hermosos como rústicos, conociendo comunidades autóctonas que los recibían con mucha atención y cero embalaje turístico. Ese contacto pleno con la naturaleza y la forma de vida más simple los llevó a buscar encontrar ese estado a su regreso a Uruguay.

Desde niño Leandro era un asiduo habitante de Sauce de Portezuelo; la chacra de sus padres, plena de árboles, bordea el mar. Justamente en una parte de esta chacra, en el bosque, decidieron armar un emprendimiento que emulara de alguna manera la experiencia que habían tenido en Asia.

Fueron ahondando en el conocimiento de los domos, estas estructuras metálicas con forma de cúpula, cubiertas de tela, que ahora están marcando tendencia con un tipo de turismo que algunos denominan glamping (por glamur y camping). Pero ellos no buscaban glamur, valoran esa conexión con la naturaleza combinada con buen gusto y confort. Al comienzo de manera muy intuitiva, acercándose, preguntando, observando cómo funcionaban algunos hoteles con domos.

“A mí como arquitecta me costaba ver cómo bajarlo a tierra”, recuerda Lucía. “Quería lograr ese contacto con la naturaleza, esa libertad, pero con una cama más cómoda, una comida más rica, un baño que funciona. Así, aprovechamos el bosque, y buscamos armar las habitaciones con la mejor cama, con sábanas divinas. Diseñamos un living espectacular (en un domo grande, con asesoramiento de Gastón Izaguirre). El arte, fue surgiendo en paralelo al proyecto. Las instalaciones lumínicas entre los árboles son de Gustavo Genta, nos interesaba incorporar cosas artísticas”.

Al llegar el visitante se encuentra con un gran vagón que oficia de recepción. Allí hay piezas de arte, piedras amatistas, cueros y otros regalos. En el mapa que entregan se define a BIGBANG como un proyecto de vida de carácter sostenible: “diseñado para causar el mínimo impacto en el entorno, desde el inicio de las obras y con asesoramiento de expertos, se identificó en el terreno gran diversidad de flora nativa. Senderos naturales se van transformando en un verdadero observatorio de pastizal, matorral y bosque nativo”.

Se ven los domos a una buena distancia unos de otros, una decena de ellos, algunos para dos personas, otros para cuatro. Hermoso verlos de noche, encendidos entre los árboles, con extrañas formas redondeadas cada tanto, violetas y rojas, iluminando el camino.

Al entrar se aprecia una estancia cómoda, de paredes altas, hermosa vista al mar y a los árboles. Estufa a leña, una gran cama con respaldo con una imagen de una planta. Subiendo una escalera se accede a un entrepiso con vista al cielo. Hay una pequeña cocina, un baño comodísimo y materiales nobles. Cada domo lleva un nombre de acuerdo a la imagen botánica detrás de la cama: domo panadero, margaritas, carqueja, silvestre, diente de león y así.

Hay algunos domos más pequeños que cumplen diferentes funciones. Y hay otros muy grandes, el living, el domo de arte, el domo comedor, el de yoga. El día de nuestra visita pudimos disfrutar de un rato de yoga, meditación y baile bajo la consigna del DJ Marcelo Castelli.

El domo de arte recibe a los huéspedes para hacer talleres con Mariana Etchepare, un lugar lleno de materiales y obra que han dejado los visitantes buscando ese leitmotiv del lugar: Big Bang, explosión creativa interna, expansión.

 

Al momento de visitar este lugar había un ómnibus Galgo que oficiaba de cocina, pero al día siguiente se desmontó para armar una cocina más grande. Y el Galgo encontró nuevo lugar dentro del bosque –¡sorpresa!–. La cocina ofrece un menú fijo cada día, que pude variar según las restricciones personales de cada uno. Comida sana y rica preparada por el chef Guzmán Fernández, con una trayectoria culinaria en Estocolmo, Cadaqués y Las Leñas.

¿Qué se puede hacer en BIGBANG? Para empezar, nada. Simplemente disfrutar del bosque, de los sonidos de la naturaleza, de la playa y el sol, de las caminatas por los alrededores, de mirar el cielo de noche en un lugar donde hay poca luz. Con eso alcanzaría. Pero se pueden hacer muchas cosas más, como darse un baño en la tina de agua calentada a fuego que hay en la playa y luego darse un chapuzón en el mar. Ese contraste es de lo mejor que a uno le puede pasar. Sentir ese shock y quedar en un estado de relax total. O salir a andar a caballo. O animarse al parapente. Hacer windsurf, ponerse a dibujar, sentarse junto al fuego y escuchar música.

Expandir la creatividad

Haciendo honor a su nombre, BIGBANG ofrece experiencias artísticas para conectar con la propia inventiva, con el arte y una actitud de juego. Así, se organizan habitualmente talleres de arte y música para los huéspedes, pero también para visitantes. Ha habido encuentros donde se ha explorado en la joyería participativa, en artes plásticas, en percusión. Siempre con el afán de incitar a usar las manos, a probar otro tipo de actividad distinta a la que se está acostumbrado. La propuesta es participar; el eslogan: “el artista sos tú”. Las propuestas se desarrollan tanto en el domo de arte como a la intemperie, con asistencia también de un art truck.

Según Leandro Deambrosi, BIGBANG replica de algún modo el trayecto que han venido haciendo con Lucía, un poco siguiendo la idea de Steve Jobs de que en la vida uno va uniendo los puntos (en un discurso que dio, el creador de Apple contó cómo un curso de caligrafía que hizo en la universidad le sirvió mucho tiempo después para ser un innovador al introducir las distintas tipografías en Word). Lucía es arquitecta, Leandro trabajaba en la Fundación Don Pedro donde se abordaba mucho la parte artística, los dos muy viajados. El campo familiar al lado del mar, la libertad de estar en la naturaleza. Los talleres artísticos a los que fueron de chicos. Leandro y su pasaje por Bellas Artes. Todo se va uniendo en BIGBANG.

La gran novedad en este lugar llega por el lado de la música. Están construyendo un domo sonoro en el cual el músico y docente Roque Bellini hará sets electrónicos en vivo y clases de percusión. Una propuesta válida tanto para familias como para empresas pues los talleres de percusión por señas alientan el trabajo en equipo.

Otra actividad es hacer una foto sonora del grupo. Probar sonidos musicales, hacer una pieza y volver a casa con una canción propia.

Un clásico: los toques de música de los jueves con música. Un ciclo que empieza temprano, antes de que caiga el sol para disfrutar del atardecer y terminar sobre las 11 de la noche. Está programado para el 25 de enero el concierto de la Orquesta de las mil melodías con 28 músicos en escena dirigidos por Andrés Lazaroff.

BIGBANG Naturestays, Calle Los Eucaliptus, Final Oeste, Sauce de Portezuelo, km 109 de la Ruta Interbalnearia.

 

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