Por BMR Productora Cultural

El encargo del proyecto de la iglesia de Atlántida fue realizado al ingeniero Eladio Dieste por un benefactor que deseaba donar la construcción, solicitando una obra económica, de carácter utilitario –quizás un simple galpón- destinada a un pequeño y modesto poblado del interior del país.

Dieste responde al desafío de una manera integral, logrando un espacio para la liturgia que se constituye en una de sus mayores obras de arquitectura; en ella aplica toda su sabiduría proveniente de la creación de estructuras industriales basadas en el uso de la cerámica armada y especialmente diseñadas para techar grandes espacios.

Se propuso demostrar que era posible hacer una obra adecuada para albergar la actividad religiosa, que fuera económica y también bella. Por cierto, lo logró en todo sentido.

La iglesia fue resuelta en una unidad espacial, inspirada además en el propio pensamiento de Dieste respecto a la integración del sacerdote y los fieles, aportando una renovadora visión que se adelanta varios años a las propuestas que el Concilio Vaticano II formulará varios años después.

El ladrillo es el material utilizado en pisos, paredes y techos, moldeando paños curvos que van otorgando movimiento a los cerramientos, a la vez que los dotan de suficiente rigidez como para sostenerse y configurar un espacio acogedor, íntimo, y que inspira al recogimiento y la reflexión. En efecto, los muros parten de una línea recta en su base, comienzan a curvarse progresivamente y llegan en su borde superior a configurar una amplia sinusoide, sobre la que se apoya la cubierta constituida por una bóveda de doble curvatura.

Dieste consideraba que esta obra fue su “Facultad de Arquitectura”: era la primera obra en la que debía resolver a través de la problemática constructiva, un programa de fuerte carga simbólica, necesitado de una especial expresividad.  En la espacialidad lograda influye también la incorporación de los muros que envuelven el altar y conforman el área correspondiente al sacerdote, así como el muro de fachada. Éste, tratado en dos secciones diferentes superpuestas, contribuye particularmente en el manejo controlado de la luz que penetra a través de pequeñas separaciones entre paños de ladrillo, cuyos vanos están cerrados por placas de mármol ónix.

Complementan la iluminación del ámbito, una serie de pequeños huecos dispuestos en las partes superiores de los muros curvos, en los que se colocaron vidrios coloreados. Todo ello incide, sin duda, en la sensación de paz y espiritualidad que invade a quien accede a la Iglesia.

El conjunto se completa por la entrada a un baptisterio subterráneo -a través del cual se puede ingresar luego a la Iglesia por debajo del coro-, ubicado a la izquierda, y un esbelto campanario íntegramente realizado en ladrillo, con una escalera caracol interna de significativo efecto plástico, que, exento, se ubica a la derecha de la nave.

Muy recientemente, Uruguay ha ampliado con este edificio la cantidad de bienes que integran la lista de Patrimonio Mundial de UNESCO. Junto al barrio histórico de Colonia de Sacramento y al Paisaje Cultural Industrial Fray Bentos, son ahora tres. Un verdadero orgullo nacional.

 

Texto: A.M.

Fotografía: Marcos Mendizábal

Extracto del libro Tu Patrimonio, un aporte de BMR Productora Cultural.

 

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