Por Malena Rodríguez Guglielmone

Cuántas veces un camino inesperado y valioso surge de una limitación. Cómo algo que enmarca e impide ir más allá puede provocar el hallazgo de una alternativa original que, bien cultivada, da frutos insospechados. Arquitecto de formación, Federico Ruiz Santesteban comenzó a hacer fotografía a comienzos de los 90 en formato analógico. A consecuencia de la crisis económica y los altos costos operativos tuvo que ir dejando el laboratorio. Abrazó por entonces la fotografía digital. Pero extrañaba el proceso del revelado, el momento de alquimia matérica de la revelación. Fue así como se le ocurrió experimentar con materiales de bajo costo, sustentables y a mano. Tomando como referente algunos conceptos de experimentación de la antigüedad eligió algunas hojas del entorno vegetal de su casa en Lagomar.

“A mi alcance en ese momento tenía las plantas que me rodeaban desde chico. Empecé a explorar con los revelados a partir de la clorofila y busqué alternativas para encontrar fórmulas para revisar algunas estrategias de los procesos históricos de la fotografía como la cianotipia y la goma bicromatada, que son técnicas que vienen del siglo XIX, pero tratando de introducir cambios para evitar el uso de químicos tóxicos. Esto se fue traduciendo en ciertos ejes de trabajo en revelado en hojas de plantas y pétalos de flores”.

Su exposición “El extraño caso del jardinero” en 2016 en el Espacio de Arte Contemporáneo tenía antecedentes en el uso de ese tipo de materiales. En el catálogo de esa muestra se refiere a ese momento en que empieza experimentar con las plantas del jardín, unos años antes. Federico escribe: “En esos mundos andaba cuando dentro de un otoño llegó Valentín, mi hijo. Mi vida cambió y el jardín se transformó en un universo mágico para compartir. Allí conseguimos todo el papel fotográfico que necesitamos; las formas, las especies y los tamaños proponen su lógica natural. Valentín se ha convertido en el jardinero, es el encargado de los cuidados y de estar a atento a los sutiles cambios. Juntos exploramos rama por rama y pétalo por pétalo en busca de nuevas revelaciones”.

Es una dulzura esta serie de fotos donde aparece la mirada del niño en una ramita de rúcula y otras plantas de diversa forma, algunos objetos como una pelota, un peluche, un ramillete de lápices, en algunos casos impresos en hojas de plantas con agujeritos, finitas y transparentes. Un conjunto delicado e inspirado surgido a partir del juego, “como si pudiera hacer magia con las hojas”, comenta, “como una epifanía, un jardín mágico que revela algo”.

A partir del ensayo y el error fue probando y logrando nuevos matices con esta técnica. “Hoy que hay más bibliografía me doy cuenta que sin querer desarollé un camino. Lo que he podido generar es detalle y definición en algunos casos y en otros he podido generar volumen. En “El extraño caso del jardinero” tenía un gran espacio de juego, había más de 500 hojas reveladas. En “Herbario” trabajé en grandes superficies. Es la muestra que expuse el año pasado en el Museo Zorrilla: piezas de grandes superficies, algunas de un metro de largo. A partir de una sucesión de hojas, a través de presión y otros gestos, genero algo similar a un papel fotosensible. Ya no trabajo de manera individual. Hago un plano de trabajo”.

“Herbario. Oda a las malas hierbas” es el nombre completo de esta muestra que refiere a los yuyos que crecen anárquicamente en las cunetas y que le sirven para reflexionar sobre los cambios que ha vivido su entorno. Al crecer en Lagomar pudo ver las transformaciones que experimentó Ciudad de la Costa, uno de los crecimientos demográficos más grandes de Latinoamérica. “Esta colección de hojas secas es retrato y voz de una naturaleza que reclama su lugar perdido en un balneario devenido en ciudad”, escribe en el catálogo. “Las especies que la integran suelen ser consideradas como invasoras, yuyos o malezas. Prefiero entenderlas como un escuadrón de avanzada que con sus hojas y flores pretenden volver por lo que es suyo. Plantas que se revelan para rebelarse, tercas y porfiadas, insistentes en el acto de nacer para combatir el polvo, la aridez y el pavimento”.

Se aprecian allí campanitas reveladas en taco de reina, esta hoja redonda de sabor picante (sirve para el dolor de garganta) cuyas flores naranjas suelen usarse en gastronomía. Calagualas, hojas de achira, helechos, margaritas de piria, dientes de león, macachines, espárragos, conforman entre otras hierbas ese universo de plantas fuertes que Federico relaciona con una “cuestión heroica en esa resiliencia”.

Hace diez años que está trabajando con este sistema y una de las que más utiliza como papel es la hiedra  –“maravilloso, revela, se mantiene en el tiempo, genera buena calidad, es el primero con el que empezamos a trabajar”, acota–. De ahí que el lugar que montó para dar clases en la zona de La Blanqueada se llame Espacio Hiedra. Desde 2016 se abocó de lleno a la docencia y al arte. En este lugar da sus talleres iniciales y experimentales.

Con los alumnos salen a buscar hojas por la ciudad, tienen identificados distintos lugares donde se encuentra esta enredadera. No es lo mismo trabajar con los brotes de hiedra helix en noviembre que en febrero. El proceso empieza con el momento de cosecha de una hoja. Se la elige y se trabaja cuando la clorofila todavía está activa, cuando está viva. “Cada revelado es un pacto con el azar”, comenta. No usa ningún químico, si quiere que la obra resista usa determinadas plantas y, si no, apela a la poesía de lo que perece. “Para mí es tan importante la perpetuidad de la obra como lo efímero”.

En las últimas semanas inauguró “Carmela” en el Espacio cultural de San José. En esta muestra trabaja la historia familiar con un colchón de hojas de diverso tipo y formas, experimentando así sobre plantas que han marcado la historia de su familia, desde su abuela migrante en Italia pasando por San José, hasta la descendencia que llega a su casa en Lagomar. Sobre rugosas superficies verdes resurgen ojos familiares danzando con líneas, luces y contornos que conforman una lograda y sugestiva composición que está disponible para ser contemplada en vivo.

 

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